Posteado por: javibrasil | 30 agosto 2015

LÁGRIMAS

Dejó resbalar las lágrimas por sus mejillas. Pensó en secárselas con el dorso de la mano, pero en el fondo le gustaba esa sensación. Algunas se acababan depositando en la comisura de los labios. Sabor a sal. La risa se hacía compatible con el llanto. No tenía vergüenza de llorar delante de aquellos desconocidos. Le gustaría que ellos también compartiesen su alegría y su llanto se socializase, se contagiase a todos. Las lágrimas rodaban lentas, densas, demorándose en su camino hacia donde quiera que fuesen: boca, corbata, suelo. Estuvo así un buen rato. El silencio se había instalado en la habitación porque las sonrisas gozan siendo silenciosas. Finalmente sacó un pañuelo de dentro de la americana y se secó los ojos. —Gracias. Muchas gracias, de verdad. Se levantó, saludo cortésmente a las otras personas que estaban en la habitación y salió, estrujando muy fuerte contra su pecho aquel sobre color crema que acababan de darle. Aún se le escapó alguna lágrima camino del ascensor


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