Posteado por: javibrasil | 15 agosto 2015

UNO, DOS, TRES

Un hombre entra en el vagón

No se sienta
A pesar de que en verano
los asientos vacíos
se ofrecen generosos.

El metro arranca.
El hombre
haciendo equilibrios
casi mágicos
pura prestidigitación
sobre una sola muleta
se sube la pernera de su pantalón
y muestra
una esquemática pierna de metal
fina, fría, escalofriante
que no quieres mirar
y al mismo tiempo
no puedes dejar de hacerlo
rematada en un zapato
marrón, huérfano, absurdo.

Por favor
es lo único que dice
Por favor
mientras agita un vaso de plástico
por favor
con unas pocas monedas
por favor
en su interior.

Dos hombres entran en el vagón.

Uno de ellos con un poncho
multicolor, hermoso.
Desenfundan rápido
pistoleros de la música
charango y guitarra.

Vigilan con destreza
Al tiempo que afinan
y se afinan
la presencia visible
y también la invisible
de los guardias de seguridad.
Solo le pido a Dios
que el dolor no me sea indiferente.

Algunas sandalias
se rebelan y liberan
y marcan el ritmo
golpeando contra el suelo rojo
plac, plac, plac, plac
Que la reseca muerte no me encuentre
Vacío y solo sin haber hecho lo suficiente.

Tres hombres entran en el metro

No se conocen
Dos se sientan juntos
El otro
camiseta blanca de tirantes
Un Stanley postmoderno
de metro en vez de tranvía.
Tatuajes tribales
Que nacen en el brazo
y que se pierden hacia el pecho
un cigarrillo liado
colocado en la oreja
se apoya junto a la puerta.

De los dos que se han sentado juntos
uno juega con su teléfono móvil
inmerso en su burbuja
mierda, joder, coño.
El otro lee un ebook
no puedo saber lo que lee
pero sí puedo jugar a imaginármelo:
Quizás un tratado
de microcirugía cerebral
o una novela negra
de algún aburrido autor nórdico
o, por qué no
versículos extremos del Levítico.
De vez en cuando
los ojos se desvían del ebook
acaso demasiado plúmbeo
y corren a refugiarse
durante un remedo de segundo
en el teléfono
de su desconocido compañero de viaje.

Una mujer entra en el vagón.

Piel bronceada, suave, delicada
pelo corto, muy corto, moreno
un tatuaje minimalista
de un elefante, en la nunca
sensual, erótico
que dan ganas de rozar
muy levemente
con las yemas de los dedos
Una falda vaporosa azul celeste
y una blusa blanca, ligera
levemente escotada
que deja insinuar con timidez
sus pequeños pezones oscuros.

Los hombres la miran.

También, algunas mujeres.


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