Posteado por: javibrasil | 14 julio 2015

LEVITACIÓN

De repente, tuve la certeza certera y cacofónica de que podía levitar. Me desnudé y me tumbé en la cama. Miré por la ventana y aún quedaban rastros endebles de luz. Apagué el ventilador. Puse los brazos en cruz, como un apócrifo cristo yacente. Cerré los ojos con suavidad. Tras los párpados se traslucía el tono rojizo del final del atardecer. Era agradable. Poco a poco me fui sumergiendo en un estado que mal sabría definir con las palabras adecuadas, una especie de ausencia de mi propio cuerpo, de liviandad. Estuvo así no sé cuanto tiempo, intentando elevar el cuerpo ya casi adherido al sudor que impregnaban las sábanas. Salí de esa especie de trance, sorprendido y algo decepcionado por no haberlo conseguido. Más que decepción era estupor, ya que mi convencimiento de que podía levitar era pleno y auténtico.

Me vestí con un pantalón corto de deporte y una camiseta de algodón y me bajé al salón. Encendí la tele. Un periodista le ladraba a un político. Mañana será otro día, pensé.


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