Posteado por: javibrasil | 6 noviembre 2014

PRESIÓN D

Me desperté después de mal dormir no más de un par de horas. Me incorporé en la cama y me senté, dándole la espalda a mi chica, que dormía con una respiración regular y un semblante de paz por el que yo hubiera vendido mi alma a todos los diablos colegiados del mundo e incluso a demonios freelancers. El poco tiempo que había dormido había sido anegado por pesadillas de todo tipo, tan reales, que uno llegaba a pensar si realidad y pesadillas no se estaban intercambiando sus roles en un macabro truco de prestidigitación. Clavé la mirada en la ventana del dormitorio, que tenía la persiana a medio bajar. Miraba sin mirar nada, ausente al pantone elegante del cielo que mudaba de un rosa pálido a un gris ceniza y espectral. Mi mirada se había fijado en lo invisible, como si deseara aprehenderlo. Las manos descansaban flojas sobre mis piernas. La boca a medio abrir, que supongo que es lo mismo que a medio cerrar. De vez en cuando me llevaba la mano derecha a los ojos, los cerraba, y la mano continuaba su trayecto hasta la barbilla, donde se quedaba reposando unos segundos antes de volver a las rodillas para, podo después, repetir la secuencia. No sé cuánto tiempo pude estar así, en completo silencio, disparando pensamientos como una ametralladora de juguete de la que solo sale un sucedáneo de sonido de ráfaga y una absurda luz roja. A efectos prácticos, era no pensar en nada. Era habitar una especie de ausencia, o de auto ausencia. Una paloma pasó volando rápido muy cerca de la ventana. Ese gesto cotidiano me devolvió a la realidad, una devolución de la que nadie me pidió permiso. Quién sabe si yo me hubiera quedado así, mirando sin mirar esa ventana, ese cielo de color indeciso. Finalmente me levanté y me fui hasta el baño a lavarme los dientes, tomando todas las precauciones posibles para no mirarme en el espejo, un objeto que debería venderse bajo prescripción médica. Mientras escupía los restos de la pasta dentífrica en el lavabo, pensé que pocas formas más poéticas tenía la depresión de manifestarse que ese no-mirar que estuve practicando durante quién sabe cuánto tiempo. Volví a la cama y me abracé muy fuerte a mi chica, que rezongó inconscientemente pero que después acomodó su cuerpo al mío. Tuve ganas de llorar, pero pensé que ya ni eso merecía la pena.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: