Posteado por: javibrasil | 11 noviembre 2013

OKUPA

Cuando mi mujer entró en el dormitorio
Vio que yo había ocupado
Su lado de la cama
(El izquierdo es el suyo,
Mio el derecho.)
Fingí que fingía que dormía
Una respiración pesada y brumosa
Y un catálogo ligero
De casi imperceptibles sonidos
Me sirvió para un disfraz de urgencia.

Se acostó, pues
En mi lado
A mi lado
Y rápidamente se durmió
Dejando caer su pequeña mano
Sobre mi brazo
Como hacía todas las noches
En un gesto de una ternura
Casi indecible.

Desde la oscuridad completa del cuarto
Sólo violada por unos ojos rojos
Pude ver que las montañas
Heladas y aristadas
No pasaban de colinas
Quizás, sí, un poco enlodadas
Pero sosegadas y dóciles.

Que las tormentas salvajes
Con rayos de acero
Eran tempestades lejanas
Bellos muestrarios
De relámpagos inocuos
Zigzags amaestrados.

Que los lobos que aúllan
No pasan de perros melancólicos
Arrogantes e inofensivos
Autócratas en su reino
Ladrando el miedo en las loberas
Retumbando como un seco eco.

Y sí
Sabía perfectamente
Que sólo era una ilusión óptica
Un truco de magia amateur
Un espejismo fulgente
En medio del desierto de algodón.

Pero para los náufragos
Cualquier mentira en ruinas
Nos sirve de cobijo
Aunque sólo sea
Para resguardarnos levemente
De la tenaz lluvia de la madrugada.


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