Posteado por: javibrasil | 26 julio 2010

MAKAROFF

Sergio Gregorio Makaroff Levín. Detrás de tan eufónico nombre respira este músico y compositor argentino con distinguido porte de noble británico que, a pesar de llevar más de treinta años afincado en Barcelona, sigue seduciendo aún con su inevitable encanto porteño. Divertido, tierno, irónico, lúcido, brillante… A punto de estrenar disco, afila su ingenio para deslumbrarnos.


 

Los griots surgieron en los reinos mandingas del África Occidental, en lo que hoy son países como Senegal o Mali. Acompañándose de la kora, una pequeña arpa de veintiuna cuerdas, en sus canciones transmitían oralmente sucesos tribales, tradiciones ceremoniales, mitos, cuentos, batallas, poemas… En definitiva, su función era la de preservar la historia de su pueblo. Es posible que esta definición de griot sea algo seria y grave para nuestro hombre, Sergio Makaroff.

A él me lo imagino más como un pregonero moderno, como un juglar urbano, cambiando la kora por su guitarra, y cantando algunas de sus canciones que hablan de pequeñas historias, en un parque de Barcelona, rodeado por un grupo de vecinos y por dos o tres turistas japoneses que se despistaron buscando una ruta inédita de Gaudí.

Después de leer alguno de los artículos que escribiste para distintas publicaciones, dudo si comenzar la entrevista hablando de música, de sinagogas, de árboles, del cosmos o de zapatos de ante. ¿Alguna sugerencia?

Empecemos hablando de política. El PP le lleva más de 11 puntos de ventaja al PSOE en intención de voto. ¿Qué tiene la gente en la cabeza? ¿Prefieren que nos gobiernen personajes siniestros y berlusconianamente impresentables como Camps y Aguirre? Flipo, macroflipo y ultraflipo.

¿Tan oscuro ves el futuro?

Si gana el PP a pesar de ser como son, me sentiré confundido, desubicado.

Y Argentina, ¿cómo la ves en la distancia bajo el Imperio de los Kirchner?

Casi igual de mal que siempre. De todos modos llevo demasiados años –31- fuera como para opinar con propiedad.

¿Regresas con frecuencia a Buenos Aires, a Argentina?

Sí, casi todos los años, para ver a mis padres.

¿Y cómo combates la nostalgia, además de con  dulce de leche y alfajores?

Sufro poca nostalgia, por suerte. Además hay tantos argentinos por todos lados que no alcanzo a extrañar.

Seis discos en treinta años. No puede decirse que sea una producción vertiginosa. ¿Lento pero seguro?

He ido al remolque de los avatares del negocio; si no lancé más discos fue por fuerza mayor. Podría haber hecho uno cada dos años, porque siempre estoy componiendo.

Depende de como brille el sol ese día, me ocurre que una misma canción tuya puede parecerme tierna o desoladora. ¿Son ternura y amargura las dos caras de una misma moneda, extremos que se tocan?

Tal vez… No veo demasiada desolación en mis canciones. No me da la gana volcar amargura en ellas; la vida es demasiado dura ya de por sí. Tampoco quiero pintar cuadritos asépticos de colorines, pero prefiero apostar por el lado positivo cuando compongo.

Siguiendo con tu discografía: “Tengo una idea”, “La buena vida”, “Un hombre feo”, “Rico y famoso”, “Makaroff” y “Número 1”. ¿Feo y vanidoso? ¿Feo y hedonista? ¿Simplemente feo?

No lo pillo. ¿Me podrías repetir la pregunta?

Es una pequeña broma, un guiño a los títulos de tus discos. Entre tanto optimismo e irónica vanidad surge “Un hombre feo”, con una portada donde apareces en una foto desenfocada sobre un fondo negro, una imagen un tanto inquietante para un disco que, sin embargo es bastante luminoso y vital en mi opinión.

Sí….bueno, yo no hago las portadas.

La evolución en ellas es notable, has pasado de una primera y asombrosa portada de inspiración cubista, muy al estilo de los bodegones de Juan Gris,   a la elegantísima portada de tu último disco, “Número 1”, donde apareces en un dibujo conduciendo un Fórmula 1 de los años cuarenta o cincuenta.

Las portadas no son mías, aunque a veces opino. La primera es diseño de Juan Gatti y foto de Javier Vallhonrat. La segunda, foto y diseño de Lydia Delgado. La tercera, foto de César Lucadamo y diseño del departamento gráfico de DRO. La cuarta, foto de Andrea Pérez-Hita y diseño de DRO. La quinta, foto familiar de mi cuñada Ana Delclaux retocada por Sebastián Puiggrós y diseño de él mismo. La sexta, diseño de Sebastián Puiggrós, que seguramente hará la próxima.

Entiendo, pues,  que ya está muy avanzado la elaboración del nuevo disco, “El inventor del rompehielos” ¿En qué fase se encuentra exactamente? Adelántanos algo de ese inventor y demás compañeros de viaje.

Las bases y las voces ya están grabadas. Ahora mismo lo está terminando José Nortes, el productor, con ayuda de Ariel Rot, que es el director musical, Andy Chango y otros amigos. Supongo que en abril podrá salir a la venta. No hay ninguna novedad sustancial: es una docena de canciones compuestas por mí y grabadas con Ariel, Daniel Griffin y Candy Caramelo en el estudio de José Nortes, exactamente el mismo equipo que el álbum anterior. Y espero que del próximo.

La sonoridad de tus discos también ha evolucionado bastante desde unos primeros sonidos con riffs de guitarras más roqueras, sobre todo en tus dos primeros trabajos,  al uso de medios tiempos y de ritmos latinos. Tienes alguna bossanova deliciosa.

Al principio me gustaba sólo el rock, pero con los años he ido ampliando el espectro y ahora escucho samba brasilera, bluegrass, rap, tango, electrónica…Casi de todo.

Tu respuesta ha despertado mi morbo, siempre aletargado, y más que interesarme los tipos de música que oyes, me interesan los que no oyes, lo excluyente, ese “casi” que no escuchas.

No escucho reggaetón, heavy metal, ópera, Celine Dion y Mariah Carey.

 “Piensa, no te dolerá”, dices en una de tus canciones ¿Te atreverías, con la mano sobre la  Tora, o en su defecto, sobre algún libro de Quino, a asegurar esa afirmación?

Es un chistecito dirigido a los que no acostumbran pensar nada. Claro que si le das a la sesera también te topas con el dolor, pero es de otro tipo.

Buenos Aires, Nueva York, Madrid y, finalmente Barcelona. Entiendo que es difícil no enamorarse de Barcelona, pero ¿qué fue lo que te convenció para echar anclas justo allí?

Me enamoré de un par de chicas y también de los edificios y el clima húmedo, parecido al de Buenos Aires. Eso fue en 1978 y desde entonces Barcelona me ha ido enganchando más y más.

Seamos críticos. Dime algunas de las cosas que no soportas de Barcelona.

No hay nada tan grave. Tiene algunos de los problemas típicos de las ciudades, también sufre un exceso de turismo, pero no encuentro grandes motivos de queja.

Leyendo tus crónicas, he encontrado en ellas una de las guías más elegantes, sentidas y hermosas sobre la ciudad de Barcelona. Creo que el Ayuntamiento debería ponerte una calle o al menos, que alguna de las avenidas de uno de sus parques llevase tu nombre: Alameda Makaroff.

A lo sumo algún callejón con jeringuillas… Exageras, pero muchas gracias por el cumplido.

Lo cotidiano es, por encima de todas las cosas, asombroso, ¿no crees? Sólo hace falta saber mirarlo.

La realidad es mágica y maravillosa, no hace falta ir más allá porque todo está aquí, siempre.

Makaroff Levín, emparentado con una de las doce tribus de Israel. Leyendo una de tus columnas, me pareció entender que entre un amigo y tú habíais comprado la Sinagoga Mayor de Barcelona ¿Es correcto? ¿Qué vinculación tienes con ella? ¿Eres,  como decía Benedetti en uno de sus libros, un creyente freelance?

Escribí una vez sobre esa sinagoga, pero no la poseo. El que habla en la crónica –por eso está entrecomillado- es el dueño. Yo era el periodista que había escuchado y reproducía su historia. Si pudiera comprar una sinagoga en el casco antiguo de Barcelona antes me compraría una masía en el Ampurdán… Dios y la Virgen María mediante. Mi religión son los zapatos de ante. Los adoro en un altar. Después me los pongo y me voy a pasear.

Si en el altar mayor tienes los zapatos de ante, qué o a quién tienes en esas capillitas que hay en la nave y detrás del ábside de tu particular iglesia.

En casa tengo un auténtico altar dedicado a Ray Davies.

Músicas, chicas y moda. ¿En ese orden?

He dudado muchas veces si debería cambiar ese trozo de mi biografía, porque podría pintarme como un tipo frívolo, superficial. Al final lo dejé, porque prefiero eso y no la pretensión de intelectual y poeta de tres pares de cojones con la que se presentan demasiados cantautores…

En una entrevista de hace ya algunos años, Caetano Veloso manifestaba que la única forma de estar a la moda era no seguirla. Para alguien como yo, a quien la moda le parece un mundo ignoto y esotérico, ¿cómo le transmitirías y explicarías tu pasión por ella?

No se puede salir desnudo a la calle. Dado que es casi obligado vestirse prefiero hacerlo con cierta deliberación. Hace años que no sigo la moda. Pero no me importa que ella me siga a mí. Mi excusa es que soy cantante, pero en realidad salgo a mi viejo, que es ingeniero industrial y un notorio dandy comunista.

Le enseñé unas fotos tuyas a mi chica y me dijo que tu calva le producía ternura, al mismo tiempo que le parecía muy erótica. ¿Debo preocuparme?

Todo argentino puede robarte la novia, es un hecho. No lo hacemos por maldad…. Es una especie de condicionamiento biológico.

No puedo resistirme a saber tu opinión sobre las descargas de canciones en Internet, legales, alegales o ilegales, la gestión de los derechos de autor por parte de la SGAE, la música en las peluquerías…

Se roba la música pero no la pintura. ¿Por qué? Porque si entras a una galería, a un museo o al taller de un pintor, coges un lienzo y sales corriendo es probable que acabes en la cárcel. Y si el pintor te alcanza y tiene un poco de mala leche puedes terminar con un pincel bien gordo clavado en el culo. La gente roba todo lo que se puede robar impunemente por Internet. Las cañas de pescar, las lombrices, las entradas para el Cirque du Soleil, las esculturas de madera, las botas de goma y los raviolis con salsa de tomate los pagan como siempre. Todo lo demás es palabrería. Puedo llegar a resignarme a que me roben el fruto de mi trabajo, pero, ¡por favor!, no intenten justificarlo con teorías absurdas.

Eres un argentino al que no le vuelve loco el fútbol, y así no hay manera de dejarse caer en los cálidos brazos de los tópicos. ¿No crees que cuando llegue el Apocalipsis, el Fútbol, en mayúsculas, quedará como la única Verdad Suprema, a la que tendremos que rendir obediencia, diezmos y, tal vez, sexo?

Me gusta ver un poco de fútbol de vez en cuando, aunque rara vez aguanto un partido entero. Le tengo cariño a Messi, por ejemplo, por ser tan genial y tan humilde. Lo que no soporto es todo lo que rodea al fútbol como fenómeno de masas. ¡Y vivo a 30 metros del Camp Nou!

Donde juega el Barcelona y a veces hay atronadores conciertos de U2.

Dos fenómenos bastante parecidos, aunque el fútbol es más respetuoso con el barrio y hace menos ruido.

En tiempos de Internet, tienes dos mil amigos en ese invento llamado Facebook. Aun así, confío en que sigas siendo el penúltimo mohicano de la era postal.

La verdad es que escribo muchas menos cartas de papel desde que existen los e-mails. Lo que hago –por nostalgia- es personalizar los correos electrónicos con letras de colores, fondos especiales e imágenes adjuntas. Tanto MySpace como Facebook son, en principio, herramientas para difundir mis canciones. También me hice amigos y conocí gente interesante, por qué negarlo. Actualmente no tiene sentido quedarse fuera de la red, a menos que realmente quieras ser un ermitaño.

Volviendo a la música, leí hace poco que Pat Metheny ha grabado un disco donde todos los instrumentos salvo su guitarra son ejecutados por robots. Produce un poco de vértigo, ¿no crees?

No hay que tomarlo a la tremenda. Muchos músicos de carne y hueso tocan como funcionarios, pensando en otra cosa. Lo que importa es el resultado. Sean unos aborígenes con tambores o Kraftwerk… Si suena bien, mola.

Quiero terminar esta entrevista de forma parecida a como la comenzamos. Responde a esa pregunta inteligente que siempre quisiste contestar y que ningún torpe entrevistador tuvo la habilidad, el instinto, el ingenio o el atrevimiento de hacértela.

 “Dime, Sergio: ¿te sientes realizado como ser humano?” Sí.
 

 

Esta entrevista y otros interesantes contenidos los puedes encontrar en el número 2 de Standdart


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