Posteado por: javibrasil | 20 abril 2010

ELLA, ÉL

Ella corría para coger el autobús número treinta y ocho que salía a las seis y cinco. Él corría porque llegaba tarde al entrenamiento de su equipo de rugby. Chocaron. Él pudo coger al vuelo su bolsa roja de deportes nike. Ella regó la calle con los apuntes de neurocirugía, primer cuatrimestre, segundo año, desperdigados por la acera. Él le sonreía con su perfecta sonrisa blanca y le ayudaba a recoger los apuntes del suelo, fijándose en el mínimo piercing brillante que llevaba en la nariz. Ella se apartaba la melena de la cara y pensaba que aquel chico era un idiota.

Adiós. Gracias. Tengo prisa.

Adiós. A ti. Y perdona.

Esta vez no pudo ser.

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Responses

  1. Ella se lo perdió 🙂

  2. Nadie se imagina lo que significa perder un bus, aunque choquemos con un tren y, también, lo perdamos…

  3. Y dándo gracias, si cada vez que chocamos con alguién, tiene que ser, sería mucho ser. Que me lio.

    • Totalmente de acuerdo con Cruz, aunque cuando algo así sucede después no podemos dejar de pensar: ¿qué hubiera pasado si…?

      Saludos

  4. Hay momentos clave y otros, simplemente momentos.


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