Posteado por: javibrasil | 2 marzo 2010

GERANIOS

Al entrar, en el patio resplandecían los geranios rojos, exuberantes sobre la cal brillante, colocados en la pared con mimo sobre unos pequeños tiestos de loza. En alguna otra dependencia del edificio, sonaba una radio desde la que llegaba apagada la voz de Santiago Bernabéu siendo entrevistado en Radio Gaceta de los Deportes, en Radio Nacional de España. Alguien silbaba. Quizás una coplilla. Dentro, en uno de los tres calabozos del cuartelillo, los cabos jaleaban con la rabia y el odio resbalándoles por los dientes a dos sargentos de la Guardia Civil que golpeaban con fría brutalidad a un hombre que se cubría como podía, manos sobre la cabeza, de la furia salvaje que se había desatado sobre él.

— A los invertidos como tú, le cortamos los huevos con unas tijeras oxidadas y se los echamos de comer a los galgos.

Las risotadas, aunque invisibles, le dolían aún más que los puñetazos y las patadas. Entre los dos cabos le pusieron en pie, y la pared se ofreció a servir de apoyo para que el detenido no se cayera al suelo de nuevo. En su rostro se mezclaba la sangre reciente, caliente y líquida con la ya reseca, que se le depositaba en las mejillas suaves de rapagón.

El sargento Ordóñez vino con unas grandes tijeras y les pidió a sus compañeros que le bajaran al detenido los pantalones. Éste, casi sin fuerzas para llorar, suplicaba que por favor, no le hicieran nada. Todos reían, risotadas de machos embravecidos, españoles con dos cojones de verdad, hasta que notaron que el preso se había orinado en los pantalones.  Le dejaron, asqueados,  tirado en el suelo, entre sus orines, su sangre reseca y su humillación eterna. Una hora más tarde, uno de los cabos entró en el calabozo. Se agachó hasta donde estaba el detenido y acercándose a él, le tocó la frente con ternura: —Juan, Juan… Anda, Juan…bébete este poco de agua. Te prometo que  mañana…

La alarma de unos pasos enérgicos que se acercaban  mutiló con fiereza la frase e  hizo que el cabo se irguiera de nuevo y con voz potente exclamara: — Bébete este vaso de agua si quieres, maricón de mierda.

Después, cerró la puerta del calabozo y se marchó, maldiciéndose en silencio.


Responses

  1. Recuerdos añejos o quizás presentes todavía?
    Asco de doble moral!!!


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