Posteado por: javibrasil | 1 marzo 2010

REBELDÍA

Como casi siempre, uno de los tramos de las escaleras mecánicas no funcionaba, por lo que la riada de gente que salía del vagón invadía atropelladamente, con esas prisas que necesita para alimentarse la gran ciudad un lunes a primera hora, el angosto espacio de las escaleras normales. Un pequeño acto de rebeldía, insignificante e íntimo, me llevó a usar las  mecánicas, aunque éstas no funcionasen. Comencé a subir, vigilando por el rabillo del ojo que, aunque de forma casi imperceptible, avanzase más rápido que la vorágine que circulaba a mi derecha. A mitad del recorrido noté como los ánimos me flaqueaban, como de pronto se me hacía un obstáculo insalvable subir los pocos peldaños que me faltaban. Pensé en quedarme allí parado. Unos segundos, unos minutos, unas horas. Hasta que alguien me preguntara si me pasaba algo, hasta que un guardia de seguridad se interesara por mi, hasta que un técnico amenazara con lanzarme un cubo de grasa a la cara, hasta convertirme en una pieza de museo involuntaria. Quedarme parado en esa inerte escalera inerme toda una vida. Me gustaba la idea. Era cálida. Pero cuando quise darme cuenta, ya estaba tecleando ésto en el teclado de mi ordenador.


Responses

  1. Qué ataque de ansiedad m’ha dao al leerlo, puchagüey!


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