Posteado por: javibrasil | 8 junio 2009

VOLVER

Cuando era pequeño, mi padre me llevaba todas las navidades al mercadillo de la Plaza Mayor, y si me había portado bien los días anteriores, cancelaba su memoria de largo alcance y me premiaba con alguna figurita para el belén o con algún juguete. Después, caminábamos despacio por la Gran Vía, esquivando monstruos sin cabeza escondidos detrás de una torre de regalos. Ese paseo navideño casi litúrgico acababa en la Plaza de España, donde estaba el puesto de castañas asadas de la señora Lola. Siempre sonriente, las mejillas sonrosadas, la misma falda negra que le tapaba las alpargatas de esparto, los mitones de lana azul que cubrían sus manos… Me fascinaba la velocidad con la que construía un cucurucho con la hoja de un periódico viejo o ver cómo era capaz de coger las castañas de entre las brasas sin quemarse los dedos. —Son tres duros, moreno.

Los derroteros de la vida y ciertas huidas voluntarias y mezquinas me habían alejado de España durante mucho tiempo. Y sólo se regresa para morir o para ver morir. Las conexiones de los vuelos hicieron que sólo pudiera llegar al funeral de mi padre. Cuando acabó, y mientras recibía el pésame de desconocidos, decliné la oferta de mi hermano para quedarme en su casa. —No te preocupes por mí. Mañana tengo que regresar a Los Ángeles. Le mentí, ya que había decidido quedarme en Madrid una semana. Para quien se ha pasado la vida huyendo, mentir no es más que un juego inocente. Esa misma noche, cogí un taxi en la puerta del hotel y le pedí que me llevara hasta la Plaza de España. A ritmo de procesión el taxista recorrió la Gran Vía, cicatriz confusa, dejando a ambos lados los fantasmas moribundos de los cines. Estuve paseando un poco, entre despitados turistas y ociosos de profesión. Busqué con la memoria el puesto de castañas. En su lugar había una marquesina de autobuses decorada por habitaciones en alquiler y muchachas rumanas que planchaban por horas.

Mientras otro taxi me llevaba de regreso al hotel, pensé en que con un poco de suerte, quizás pudiera cambiar para el día siguiente el billete de avión y largarme de allí para no volver nunca más.

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Responses

  1. Hay una canción de Sabina que “melodea” y versiona estupendamente Ana Belén, que habla de lugares a los que, sin duda, es mejor no volver… “al lugar donde has sido féliz no debieras tratar de volver” (Peces de Ciudad)


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