Posteado por: javibrasil | 19 marzo 2009

YO TE MALDIGO

Cada madrugada diseño a tientas sobre el colchón laberintos para ciegos que destruyo en mis insomnios esclavos y circenses. Enciendo un cigarrillo que dejo agonizando blandamente entre mis dedos y miro por la ventana la suciedad vacía, nocturna y densa sobre Madrid. Y te maldigo. Quizás en algún lugar una estúpida farola de cálida luz naranja te devuelva tu sombra que deambula sin rubor por mi cuarto de baño. Deseo. Escupo tu nombre contra el vidrio, disparando cada letra lentamente, con el placer que soñamos los que alguna vez quisimos ser canallas. El cristal sólo me devuelve el eco estéril de mi vaho ácido y quejumbroso. Rencor. En el mp3 me dejo torturar las entrañas por los saxos salvajes y melancólicos de Hawkins, dolor, Coltrane, que me arañan y me desgarran la carne con sus claves de sol afiladas como bisturís oxidados de segunda mano. Speak low. Dónde estás. Siempre odiaste el jazz.

Nunca.

Me ausento y me asusto durante días de mi propia sonrisa hueca, grotesca y ridícula. Leo to2 ts mnsjs n l movil, m ls bebo y dspus ls borro. Y me arrepiento. Hago equilibrios sobre el vértigo del infinito deseando descubrir desde allá arriba la periferia de mi tristeza y te maldigo. Me masturbo pensando en ti y te maldigo. Te quiero de nuevo junto a mi y te maldigo. Y me maldigo.

Ensayo odios dudosos y frustrantes frente al espejo del ascensor. Soy la asfixia del collar del perro guardián. Muertos en vida suplicando por ser sólo enfermos terminales en subasta. Soy el que dispara la última bala y el que devora la penúltima. Sexo. Repaso imágenes prescritas sin fecha de caducidad y anhelo las que nacerán de los abortos improbables. Una y otra vez. Soy la sordina de la trompeta olvidada en el asiento de atrás de un taxi alado con destino al aeropuerto. Mi vida como un bolero de mierda. La percusión me fatiga. Y te maldigo, te maldigo hasta dejar afónica mi rabia. Exhausta. Brillante. Inútil.

Nunca.

Kilómetros de recuerdos nunca transitados por botas brillantes con cordones y zapatos rojos de tacón. Tus uñas arañando sobre mi espalda el mapa del tesoro. Tu mapa del tesoro. Destellos de tinta manchándome los dedos para después doblegarse sin honor ante la amargura. Mi vida para reciclar aparece cada mañana hecha añicos en un contenedor verde. Tu nombre resuena absurdamente definido con letras transparentes en el siete vertical. Libros, bossanova, silencios enlatados al vacío. Paréntesis elevados al cuadrado en cada pesadilla. Y te maldigo.

Nunca.

Yo nunca lo habría hecho. Yo nunca te habría besado como tú me besaste la noche en que te fuiste. Y por eso, yo te maldigo.

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Responses

  1. Ofú, ojú, ofú!


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