Posteado por: javibrasil | 4 marzo 2009

QUERIDA EVA

Querida Eva:

Es difícil salir de esto. Y lo he intentado. Quizás tú no lo sabes, pero te juro, mordiéndome, rabia, los labios hasta sangrármelos, que lo he intentado. Cada mañana, incorporarme en la cama y enfundar mis pies en las zapatillas de paño que tú has colocado con mimo la noche anterior encima de la pequeña alfombra, es un esfuerzo insufrible que inaugura una jornada, una más, devastadora.


Lee, sal a pasear, oye algo de música, ve la televisión. No pensar. No pensar. Recibo sin pasión consejos apasionados que me rozan como balas sibilantes, bienintencionadas e inocuas. La otra noche llorabas en silencio en la cocina, escondiendo las lágrimas debajo de los espaguetis, y yo, en el salón, viendo a Jack Lemmon en la televisión saliendo, él si, de su apartamento, fingía no oirte. O tal vez te oía y tu fingías llorar. No lo sé. Ya no sé nada.

Inerte. Inerme. Muerte.

Paso las mañanas sentado en el sofá, esperando que regreses, con miedo de estar solo, mirando el reloj y viendo como se atrancan y dispersan los segundos en laberintos inauditos y batallas confusas que sólo yo soy capaz de detectar. Por la ventana, el mismo trozo de cielo, a veces azul, pero siempre gris. Me levanto para tomarme los ansiolíticos con una disciplina indolente, perezosa e incrédula y me miro en el espejo que tenemos en el salón, un gran espejo dividido en cuatro partes iguales. Y asi me veo yo. Roto. No. Roto no estoy, Eva. Me veo fragmentado. Yo soy yo en cuatro partes y ninguna se complementa con las restantes. Soy cuatro realidades diferentes y todas ajenas a mi propio ser. Mis ojos son dos bolas acuosas y profundas rellenas de pánico.  Amor, siento impotencia por no poderte explicar mejor toda la angustia que me está devorando sin que yo sepa qué hacer, qué más puedo hacer, cómo salir de esta maldita cárcel invisible. Algunas mañanas en las que tú estás trabajando, han venido mis padres a verme. Fuerzan las sonrisas más tristes del mundo, memorizan y me lanzan frases preparadas y ensayadas una y otra vez con mi médico y, sin poder evitarlo, percibo, casi de una forma epidérmica, con una precisión de relojero, terca y ajustada, la voz ronca y afilada de mi padre diciéndole a mi madre que no sabe qué coño me pasa, que él no ve que me duela nada, y puedo imaginarme a mi madre llorando en el asiento del copiloto, bajito, muy bajito, para no molestar a nadie. Yo también quiero llorar, Eva, también quiero, pero no sé hacerlo, no puedo. He olvidado cómo se llora. Ahora sólo se destruirme.

He dejado esta carta junto a mi cuerpo. Algo, en última instancia, consiguió quebrar ligeramente esa materia densa e incorporea que me circundaba, cada vez más asfixiante, y pude al menos provocar un proyecto de lágrima sobre mi rostro, esbozar un amago leve de sonrisa cuando pensé en lo difícil, en lo imposible que me fue salir de todo esto y en lo absurdamente fácil que me ha resultado salirme de la vida.

 

Perdóname Eva. Te amo. Siempre. Para siempre.

Anuncios

Responses

  1. ¡puf, no estoy yo como para leer este tipo de cosas!
    Pero aún así, lo he leido y como siempre, me ha gustado


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: