Posteado por: javibrasil | 27 febrero 2009

MANDA GÜEVOS

Un buen amigo siempre me dice que estoy obsesionado con las marujas. Está bien: sí, lo estoy, lo admito, lo reconozco. Pero ni me importa ni quiero luchar contra ello. Sencillamente no las soporto.

El diccionario de la RAE define maruja de la siguiente forma: f. despect. coloq. Ama de casa de bajo nivel cultural. A mi me parece una definición peyorativa con la que no estoy de acuerdo. Asi que para evitar suspicacias o herir alguna fina sensibilidad, explicaré lo que para mí significa ser una maruja.

Para mí, una maruja es una persona (insisto: una persona; no necesariamente mujer, no necesariamente hombre) cuya principal ocupación en la vida es la intriga cotidiana y barriobajera, el cuchicheo constante y miserable, el cotilleo insano, ruin. Por supuesto, es obvio decirlo, las marujas ocupan cualquier posición dentro del escalafón social. Hay marujas porteras de edificios, marujas arquitectos, marujas desempleados… Ser maruja es sobre todo, una forma de ser y comportarse ante la vida. Una detestable forma de ser.

Y después de esta plomiza introducción, os contaré una simpática anécdota.

Hace un par de días una compañera de trabajo me preguntó si había visto a X, un jefe de sección que llega, saluda y se encierra en su despacho a trabajar durante todo el día.

– Creo que le vi pasar, pero no te lo podría asegurar – la respondí.

De repente, una maruja, a la que por cierto nadie le había preguntado nada, dijo:

-Yo sí le he visto. Ha venido con un traje verde oscuro, una corbata roja y una camisa blanca con rayas de color crema.

Todo esto dicho con un simpatiquísimo y marcadísimo acento andalú (el cual, por cierto, no me gusta demasiado. Pero que nadie se ofenda, es sólo una simple cuestión de musicalidad, aunque ahora que me paro a pensarlo, y teniendo en cuenta que me encantan, sin embargo, el acento asturiano o el vasco, igual es que soy un mal español)

Miradas de complicidad, silencios asombrados…

Cuando se da cuenta de que ha quedado en evidencia, fuerza una sonrisa y dice:

– Bueno, lo dije medio en serio, medio en broma. Yo tampoco estoy segura de si ha venido.

Yo, en su lugar, me hubiera mantenido en un discreto silencio el resto de la mañana, pero no, ella no. Pasadas un par de horas, llamó a la compañera que me había preguntado por el señor X y le dijo:

-¿Has visto? ¿Te has dado cuenta? Va vestido exactamente a como yo te he dicho.

Y es aquí cuando llega la frase más gloriosa, excelsa y sublime.

– Lo que pasa es que los que estudiamos Arte tenemos el ojo acostumbrado a fijarnos en todo.

Manda güevos.


Responses

  1. Pero… ¡y lo que te ríes con (de) ellas!

  2. Tanhäuser, Tanhäuser, no seas malo, o arderás en el infierno de las marujas, valga la redundancia.

  3. Eso más que Maruja, es tont@ del culo.

    No se lo digas a nadie pero yo también soy una mala española.


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