Posteado por: javibrasil | 24 febrero 2009

PE

El gran Jaume Perich decía, y cito de memoria, algo asi como que un patriota es un imbécil que se alegra de que su vecino sea un genio. Bien. Todos los españoles nos congratulamos por el Óscar y lo sentimos como algo propio. Ejem. (Por algún lado de mi casa tengo yo uno de plástico que dice: Óscar al tio más coñazo. También es vuestro, españoles míos.)

De todo lo que ha rodeado al Óscar que ha ganado Penélope Cruz quisiera hacer unas brevísimas consideraciones. Por un lado, me sigue fascinando esta rara habilidad que tenemos en España para encumbrar a alguien para luego tirarle piedras. De hecho, creo que le ponemos en la cumbre para después  no errar el tiro en la lapidación. Ahora que Penélope ha ganado el Óscar, comprobaremos lo poquito que tardan en alzarse voces criticándola porque, bueno, es una actriz del montón, por qué eligió ese vestido y no otro (nota: en la televisión oi que el vestido era color “blanco roto”. Decididamente, me siento un excluido social), que si sólo pretende ser una pobre imitación de Audrey Hepburn (mi gran amor confesable cinéfilo)…

Del discurso que dió la hermosa Pe, me quedo con esa mención que hizo a Alcobendas City. Me pongo en el lugar de un espectador de Arkansas, o de Berlín, o de Brasilia, y debieron pensar que Alcobendas era una especie de ghetto con detectores de armas en las escuelas, edificios semiderruidos donde se trafica con crack y poco amigables músicos de hip-hop viendo la vida con desdén desde las esquinas. Además, pobres estadounidenses. Como bien dice mi hermana, si no saben dónde coño situar a España, como para situar a Alcobendas. Yo, en su lugar, me hubiera ahorrado esa citación local y hubiera coronado el discurso en español, después de dedicarles el premio a todos los actores españoles, diciendo: “Y también se lo quiero dedicar a Garzón y al ministro Bermejo.” Hubiera sido grandioso.

Para acabar, leo hoy en uno de esos periodiquillos gratuitos que el Ayuntamiento de Alcobendas, como muestra de agradecimiento, la va a nombrar hija predilecta y la va a poner su nombre a una calle. Y yo, que soy de natural ingenuo, me pregunto: ¿Tendría también una calle si no hubiera ganado el Óscar? ¿La reconocen por su carrera como actriz o sólo como poseedora de dicho premio? ¿Tiene entonces la calle porque lo ha ganado? ¿Si yo nombro a mi pueblo en mi bitácora, tengo derecho también  a una calle, a ser posible sustituyendo a alguno de esos nombres de calles fascistas que aun perduran?

Pero con todo, ni celebraciones, ni discursos, ni calles, ni nada de eso ha sido lo que mas me ha sorprendido. Para mí, lo más inquietante ha sido leer las declaraciones de una vecina de cuando Penélope era pequeña en las  que dice textualmente: “Ahora se hace raro verla así, pero entonces era una niña normal.”

Sí. Inquietante.


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