Posteado por: javibrasil | 27 junio 2007

Y QUE LA VIDA IBA EN SERIO

Y que la vida iba en serio comencé a adivinarlo aquella noche en la que mientras mi madre recogía mis calzoncillos y mis calcetines del suelo, y ya eres lo bastante mayorcito como para ir solo al colegio, yo me hacía el dormido sin poder controlar que los ojos me temblasen por debajo de la manta tersa de mis párpados que mira bien al cruzar la calle, que el muñequito esté en verde y que.
Al día siguiente, con una intraducible mixtura de pánico y osadía y anhelando sin saberlo la vigilancia espía de mi madre, caminaba hacia el cole desafiando en secreto a esos otros niños hola Jorge que aun dependían de la subvención caritativa de una mano que los guiase.

Y que la vida iba en serio estoy hasta los cojones de que ese niño no me obedezca lo continué descubriendo cuando comencé a entender que los habituales gritos de mi padre no eran translucidos y pasajeros sino agrios, que ya tiene doce años, coño rugosos y punzantes como un cuchillo en el espejo. Y en clase, cuando miraba huido a mis compañeros Jorge, atiende que se escapaban en garabatos de lápiz de las lecciones del profesor y me sentía ajeno, ¡Jorge! sin conseguir hallar el reflejo de mi pertenencia a esa tribu infantil y simple que tanto deseaba que fuera mía.

Pero cuando de verdad supe que la vida iba en serio fue aquel sábado, uno cualquiera, que mi madre me llevó por la mañana al parque, y mientras ella devoraba con resignación su hastío, yo, sentado en un banco al sol, llorando blando y mordiéndome la rabia, me fui convenciendo que mira bien al cruzar la calle de que ese niño no me obedezca Jorge atiende de que ya nunca más podría subirme a los columpios.

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Responses

  1. Precioso ejercicio, javibrasil. Algo dejamos en los columpios, en su pérdida al miedo, a la caída, a sentir ésenosequé en la barriga al descender desde lo alto. Ahora, son otros los que nos columpian.

    Saludos!

  2. Aterrizar, arrastrando los pies, mientras el columpio se detiene, se va deteniendo, cada vez más lentamente, cada vez más suavemente, mientras se balancea de un lado porque ya sólo utilizamos un pie para detener el ritmo cadencioso, arriba-abajo… estoy con Teillu, quizás ahora, son otros los que nos columpian

  3. Nunca me montaba en los columpios, me daba fatiga

  4. El óxido que corroía el color amarillo de los columpios era otra muestra de que la vida iba en serio.

    Un saludo Brasil

  5. Pero ha pasado el tiempo, y la verdad desagradable asoma: envejecer, morir es el único argumento de la obra…

  6. Veo que conoces mis fuentes de inspiración, Duarte 🙂 :). En realidad, llegué a el texto que sirve de base a este relato a través de una canción de Loquillo. Sólo después supe que era un poema de Gil de Biedma.


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