Posteado por: javibrasil | 6 junio 2007

ALLÍ

Esta noche estaré allí. Sí. Me han dicho que son de fiar. Buena gente. Y yo me fío de quien me lo ha dicho. Estaré allí entonces. Mañana aquí todo será igual, un día más en el infierno, pero yo no estaré vendiendo pescado. No lo sabe nadie. Miento. Kassim si lo sabe, él me puso en contacto con ellos y me dejó parte del dinero que necesitaba. No es un regalo, es un préstamo, pero seguro que se lo devolveré. Si no llueve ni hay nubes, tendremos una enorme luna amarilla que nos ayudará los primeros días. A Yamina no le he dicho nada. Es mejor asi, que no sepa nada. Los que huimos nunca decimos nada. Eso le ahorrará lágrimas que después quizás necesite. Lo entenderá todo cuando esta noche no encuentre mi cuerpo junto a ella en la cama. Huyo, Yamina, pero los que huimos también regresamos. Algunos.

Las horas pasan perezosas. Soberbias en su poder. Sólo puedo llevar una bolsa de plástico. En casa de Kassim me visto con un pantalón, una camiseta de manga larga gruesa, un chubasquero, y una gorra. En la bolsa, tres camisetas más, un corán en su estuche, otro pantalón vaquero y unas sandalias. Dentro de un preservativo, nueve billetes de diez euros, y un trozo de papel con cuatro teléfonos, uno de Madrid, uno de Barcelona y dos de París. Nos despedimos con un abrazo seco y fuerte. Él no me acompañara. Dice que no debe hacerlo. El sol amaga con comenzar a agonizar. Tengo miedo. Antes de llegar al punto de la playa convenido, me paso por casa de los abuelos. No sé porqué he ido. Qué hago ahí. Ese barrio y esas calles que he pisado miles de veces me parecen ahora opresivas y sufridas. La abuela Aicha está en la cocina y el abuelo Abdou fuma sentando a la puerta de casa. Entro, la beso y después me siento junto a mi abuelo. Me ofrece tabaco. Fumamos juntos. Silencio. En mi cabeza, millones de frases van y vienen sin la paciencia necesaria para reposar. Desde el interior de la casa se oye en la radio alguna canción de Baaba Maal. El abuelo remueve con su pie descalzo las diminutas piedras negruzcas del suelo. Vomita una amplia bocanada de humo tras la que se esconden sus palabras: – Te marchas, ¿no? No respondo. Se levanta, coloca sus manos en mi cabeza y entra en la casa, cerrando la puerta detrás de mi.

Estoy a la hora convenida en la playa de Diogué. Poco a poco se van formando pequeños grupos. Seremos unos treinta. Esta vez, sólo hombres. No mujeres. No niños. Me coloco en el cayuco de tal forma que todo: Kassim, Yamina, los abuelos, la ciudad, yo, todo quede a mis espaldas, y cuando ya lo incierto comienza a ser también lo inevitable, recuerdo aquella pintada en el cementerio viejo de Dakar sobre una gran bandera de Senegal: “Le fin du monde ne peut pas être très loin”, el fin del mundo no puede estar muy lejos.

Baaba Maal – Baayo

Tema extraido del disco homónimo, de 1.991

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Responses

  1. Para ser tu primero, te ha salido bordado. ¡Estupendo!

  2. Me gustó mucho. Ánimo y sigue escribiendo. Daré un paseo por aquí…Saludos.


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