Posteado por: javibrasil | 2 abril 2007

EL HOMBRE QUE ESPERABA

El mar.

Durante muchos años se había detenido en aquel mismo lugar, tan bueno o tan malo como cualquier otro, y había visto explotar el amanecer, dejando que su mirada se rasgase cotidianamente por aquel horizonte acerado, tan imperturbable y preciso que llegaba a dar miedo. Durante todo este tiempo: esperó.

Deseó.

Y buscó con la impaciencia olvidada de un niño, algo extraordinario, algo que violase aquella perfección hiriente y fascinadora, creada tal vez por la mente de un monstruo divino o quizás, de un dios monstruoso.

Anheló barcos con piratas invisibles siendo naufragados por codiciosas tormentas.

Quiso olas que se congelaran lentamente y nunca rompieran en la frontera del brillo de la arena.

Aspiró a conocer serenas sirenas albinas de ojos oscuros vestidas en plata que le prometieran antropófagas eternidades innegociables.

Y ambicionó divisar un cardume de ballenas rojas, deambulando solemnes y distraídas por los alrededores húmedos de sus deseos.

Murió esperando y esperó muriendo, tan infeliz como había vivido, con el deseo intacto y sin transformar en realidad, ignorando acaso que, en verdad, en él habitó todo lo extraordinario que siempre buscó.

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Responses

  1. Me inclino ante ti. Maravilloso

  2. No se puede sólo esperar…

  3. perfecto & redondo :·)


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