Posteado por: javibrasil | 14 julio 2006

CONCURSOS

Después de muchos esfuerzos, de mucha lucha y de muchos sinsabores, por fin lo había conseguido, había alcanzado su sueño. Cuando todos los niños en clase soñaban con ser astronautas, futbolistas, bomberos o megajueces de la Audiencia Nacional, él no. Él soñaba con ser compositor. Pero no para componer sesudas sinfonías, plúmbeos conciertos o amargas óperas, no. El solo quería componer música para concursos de televisión.

Vicente, que viene de Madrid, tiene 32 años, es licenciado en ciencias exactas mas o menos y entre sus aficiones están las de leer, viajar y coleccionar majaderuelossssss, tatarantatatantannnnnn: presentación había conseguido su primer trabajo en aquel concurso que emitían por algunos canales locales y que se llamaba “El más tonto, gana” y que, a pesar de su nombre, había acumulado un bote en las últimas semanas con la nada despreciable cantidad de 625 eurossss pampampannnnnn: premio. El hecho de ser un personaje más de televisión, aunque fuera de forma tangencial, le había dado a Vicente cierta notoriedad en el barrio donde vivía y así, había comprobado que en algunos bares de la periferia, la segunda caña se la dejaban a mitad de precio. Este simple hecho le hacía pensar a Vicente que la cima de su reconocimiento provincial, nacional e incluso internacional, cada vez estaba más cerca.

Esa noche de viernes, la productora que se encargaba de su concurso y de otros programas tales como “Vida cochina”, “Cocinando con latas” o “CSI: Matalascañas”, había organizado una fiesta de despedida para los becarios (uno) y le habían invitado a ella. En realidad, hubiera preferido quedarse en casa, componiendo en su viejo Casio PT-1 una sintonía para un nuevo reallity show sobre pompas fúnebres que estaba en proyecto, pero después pensó que se tomaría esa fiesta como un acto social en el cual podría entablar importantes contactos profesionales y en el que, con algo de suerte, se encontraría con Pedro J., Ruppert Murdoch o Emilio Aragón.

Cuando llegó esa noche al pub donde se celebraba la fiesta, ninguno de esos totems (…¿tótemes? ¿tótenes?) de la comunicación estaba presente, (aun: la noche era joven), y solo vio a cuatro o cinco redactores, al becario, totalmente borracho ya a las diez de la noche, ….y en una esquina de la sala, bebiendo un daiquiri sola, a Luisa, de nombre artístico Jasmine.

Jasmine, que viene de Salamanca, tiene 33 años, esta soltera, y le gusta comer chicle de fresa, ver telenovelas mejicanas y cambiar los muebles de lugarrrrrrr tatarantatatantannnnnn: presentación, era la presentadora del programa nocturno “Cómo te lo montas tú, ¿eh? ¿eh?” en el que durante cuatro horas se hacia un repaso divertido y juvenil a las cotizaciones de las bolsas internacionales. Jasmine era una mujer inteligente, atractiva, emprendedora y sensible. Sin embargo, a Vicente le parecía que Jasmine estaba muy buena, y desde la primera vez que le vio hablando del índice nikkei, lo cual era algo que, por alguna oculta y extraña razón, le excitaba mucho, decidió que aquella era la mujer de sus sueños, o cuando menos, que se la quería llevar a la cama.

A pesar de la pequeña decepción que le supuso la no aparición de Pedro J. durante toda la noche, debía admitir que el asunto con Jasmine-Luisa, gracias a la inestimable colaboración de los daiquiris, le estaba saliendo bastante bien. Los viernes Jasmine no hacía el programa en directo en la madrugada, si no que en su lugar se emitía un resumen de los días anteriores, intercalado con simpáticos videos musicales de estrellas de la canción como Bustamante o la Coral Polifónica de la Hermandad de la Virgen Reparadora del Séptimo Día.

Con el decimotercer….(¿treceavo? ¿décimotreceavo?)…con el 13 daiquiri, ganado a su favor en el tie-break 7-6, le dijo a Luisa que la fiesta estaba decayendo algo y que desde que el becario se había caído al suelo, eso estaba algo aburrido. Le propuso que cogieran su coche, un estupendo Ford Fiesta verde metalizado, con elevalunas eléctrico, airbag de serie, llantas de aleación, radio-cd extraíble, una potencia de 80 caballos y climatizadorrrrr pampampannnnnn: premio y se acercaran a su apartamento, un maravilloso apartamento en cuarta línea de playa, con pistas de tenis, piscina, club social y totalmente amuebladoooo pampampannnnnn: premio.

Su experiencia de conquistador no era aun lo suficientemente grande como para que no le sorprendiera cuando ella dijo un “si” : muakmuak: pulsador con sabor a ron. Salieron del pub, se subieron en el coche y en apenas cinco minutos, en los cuales aprovechó para echar no menos de una docena de mirada furtivas a las piernas de Luisa, ya estaban besándose como animales en el dormitorio del apartamento. Quién iba a imaginar que alguien que usa palabras como “dow jones”, “bursátil” o “taxis” (en singular) podía manejar la lengua de aquella forma que me atrevería a calificar como sobrecogedora.

….Lo que pasó después no creo que a nadie le interese, aunque sólo diré que mientras ella dormía profundamente girada hacia el armario empotrado, con un rictus de decepción en su rostro, Vicente, con la cabeza sobre la mano, no hacía más que pensar en qué diablos le había pasado para guoguoguoguooooooooo: eliminado.

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Responses

  1. Javi, páseme alguna musa, porfi.
    Un sólo comentario, porqué si la primera parte del relato está escrito en 3ª persona, de repente pasas a 1ª?

  2. Jajaja… qué bueno!
    Saludos


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