Posteado por: javibrasil | 18 octubre 2005

UN DÍA DE TRABAJO

Una de las primeras cosas que nos enseñaron en la academia es que nunca debemos quedarnos mirando a nadie, que nuestra mirada debe ser más globalizadora que individualizada, pero en esta ocasión, incumpliendo esa premisa básica, llevaba ya un buen rato fijándome en aquel chico que estaba en primera fila. Se parecía mucho a mi hijo, pero no en el físico estrictamente, si no en el registro de algunos de sus gestos, como la forma que adquirían sus cejas, enarcadas y tensas cuando gritaba, o en el modo como adelantaba su cuerpo cuando alzaba el brazo y cerraba el puño. Llevábamos mis compañeros y yo casi una hora vigilando aquella manifestación, y, aunque yo estaba de acuerdo en todos las voces que allí se lanzaban y en todas las pancartas que desde la frontera de mi casco podía leer, eso nada ni a nadie le importaba entonces.

Cuando la situación comenzó a ser más tensa de lo admisible y mi superior dio la orden, desenfundamos nuestras porras y salimos corriendo detrás de los manifestantes. La fuerza del poder y el poder de la fuerza normalmente era suficiente para que éstos se disolvieran, pero no sé porque, aquel chico que tanto me recordaba a mi hijo, me desafió. Me desafió no tanto por su hieratismo, algo esperpéntico en aquella situación, si no por su mirada, entre desafiante y serena, que tenía incrustada en la mía.

Le golpeé con una rabia y un odio que yo no había sentido nunca y que me estremeció. Cayó al suelo y allí seguí golpeándole: en la espalda, en las piernas, en los brazos… Como si de un feto gigantesco se tratara, él encogía sus piernas y se cubría la cabeza con las manos, pero no oírle gritar ni quejarse una sola vez lo único que conseguía era aumentar mi ira y hacer que le pegara con más fuerza. Al cabo de un rato, un compañero me agarró por el brazo y me dijo que volvíamos a posición uno. Mientras retrocedía, vi como entre varias personas ayudaban a levantarse al chico, que sangraba por la nariz, y a llevárselo lejos de allí. Durante toda la noche se produjeron pequeños enfrentamientos aislados, pero con aquella única y expeditiva carga habíamos conseguido disolver esa manifestación. De madrugada, en el furgón, ya de vuelta a la base, el subinspector nos felicitó por el trabajo hecho.

Cuando por la mañana regresé a casa, encontré a mi hijo desayunando en la cocina, a punto de irse a la facultad. Me dio un beso fugaz y me preguntó rutinariamente qué tal el trabajo. Bien, como siempre, le dije. Se marchó, y al poco tiempo, cuando mi mujer se fue a trabajar (ella nunca me preguntaba por el trabajo) me quedé solo en casa. Encendí la radio, me cambié de ropa y me puse el pijama. Entré en el cuarto de baño y mientras me lavaba los dientes antes de irme a la cama, me miré en el espejo y me puse a llorar.

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Responses

  1. ¿desafío a la figura paterna?

  2. Realmente conmovedor!

  3. El pacifista siempre es el objeto de la ira del agresivo. Divertido y muy cotidiano. Felicitaciones.

  4. me he quedado con ganas de más… bueno, la verdad es que pensaba que en las noticias oiría que un chaval había muerto en una manifestación… etc… ya sabes…

  5. Lo siento, pero no me puedo quedar con las ganas de preguntarle a Duarte… ¿divertido? en fín… por desgracia muy cotidiano sí pero… ¿divertido?

  6. Por supuesto que divertido, Nani. ¿No es divertida Juventud sin Dios, de Odon von Horvath? ¿No es divertida Sin destino, de Imre Kertesz? ¿No es divertido Nietzsche? No se trata de una noticia, creo entender. La literatura, si esto lo es -y creo que sí-, no es más que divertimento. Si esto se viera en un telediario cambiaría de plano, pero es literatura. Una cosa es la Historia, otra la realidad, otra la noticia y otra, muy distinta, la Literatura. Creo que no son cosas difíciles de distinguir. Recuerdo el artículo de Javier Marías en el que criticaba a aquellas personas que se leían El código Da Vinci para “aprender historia”, y luego hacía un ensayo genial sobre estas distinciones. Sí, este cuento me parece divertido.

  7. Teniendo en cuenta, por supuesto, que divertido no es lo mismo que gracioso.

  8. ¡Como estan las cabezas! jajaja


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