Posteado por: javibrasil | 28 agosto 2005

FADO

“Kndo rgrss no m nkontrars. No prgnts x mi. No m busks. Olvidat d mi komo yo t e olvidado ya.” Llevaba dos días enteros perdido y perdiéndome por los peores rincones de esta ciudad intentando olvidar el último mensaje que Maria me había enviado al móvil. Lisboa es una ciudad demasiado decadente y melancólica para saber que la mujer que amas va a dejarte y que ni siquiera sabes el porqué, o quizás si lo sabes pero prefieres mentirte. Cuando ya la madrugada de esta segunda noche amenazaba con reventar los márgenes del día, entré en un bar del Bairro Alto, donde apenas quedaban los borrachos de guardia. Me senté en la mesa más apartada y oscura y pedí una botella de vino. Es curioso, pero el idioma de los borrachos es el mismo en todo los lugares; los mismos gritos y las mismas babas. En la pared de mi izquierda había un pequeño espejo con publicidad de Porto Sandeman al que le faltaba ya parte del azogue. Me miré en él y vi que llevaba la camisa manchada de barro, aunque no conseguía recordar porqué. En un hueco que encontré incrustado en medio de las risotadas de los borrachos, pude escuchar que en algún lugar del bar, una mujer estaba cantando fados. Desde mi mesa no podía ver el minúsculo escenario donde se encontraba. Yo no sabía nada de portugués, pero en aquel instante tuve la certeza absoluta de que ese fado hablaba de María y de mi. Cuando la canción acabó, la única recompensa que obtuvo la mujer fue una copa de cerveza que ella misma se sirvió desde dentro de la barra. Bebió un pequeño sorbo, volvió al escenario y apagó el amplificador de sonido, que era una forma como otra cualquiera de enviarnos a la búsqueda de otro bar donde poder seguir bebiendo. Miró a la mesa donde estaba el grupo y después me miró a mi, con esa mirada que solo pueden tener las personas que no sólo cantan fados, si no que ellas mismas son fado. Se acercó hasta mi mesa y se sentó frente a mi. El hecho de que yo hubiera sido el escogido para tener su compañía hacía que la madrugada, mi madrugada, fuera aun mas desoladora. – O senhor é turista? Do you speak english?
– No hablo inglés. Soy español. Vio mi botella ya casi extinguida y se levantó a por otra.

– Invita la casa – dijo en un correcto castellano, vestido con un fuerte acento portugués.

Debía de rondar los cuarenta años. Vestía unos pantalones y una camisa negra y un pañuelo rojo de seda al cuello. No era muy guapa, pero tenía unos preciosos ojos oscuros y demasiada tristeza almacenada en los labios. Durante un buen rato, ya casi solos, con la única y muda presencia del camarero que se dedicaba a apilar las sillas en un gesto que en esa noche, extraña noche, me parecía tan obsceno, la mujer no dejó de hablar ni un momento, primero en español, pero después, comenzó a mezclar las palabras y las frases en italiano, capisci, o en inglés, bottle, o en francés, amour, en un idioma nuevo, extraño e inquietante. Yo me limitaba a beber y a mirarla. Y cuando no la miraba, continuaba bebiendo. En ningún instante me pregunté si la mujer del fado quería solo conversación, compañía, sexo o todo. Esa noche y todas las noches del mundo, ya nada me importaba nada. Derrumbé la silla cuando me levanté, haciendo un estrépito sucio en el local vacío. Dejé unos billetes encima de la mesa y me dirigía ya a la calle cuando oí detrás de mi: Wait me. Me giré y vi como la mujer se apresuraba a colocarse el abrigo. Dijo algo en portugués al camarero, se agarró de mi brazo, me dedicó una amplia sonrisa que solo sirvió para explicitar aun más su tristeza y me dijo: vamos.

Me dejé pasear en silencio por las callejuelas del Bairro Alto que insinuaban el mar, yo con las manos en los bolsillos del pantalón, ella, agarrada de mi brazo. Ni siquiera la miré cuando la pregunte: ¿Cómo te llamas?, y ella me respondió: María. Continuamos caminando un rato más, aunque yo ahora solo sentía pena por ella, por que notaba que la navaja que llevaba en el bolsillo del pantalón y que apretaba con fuerza, hacia ya tiempo que estaba ardiendo en mi mano.

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Responses

  1. ¿te han ido a visitar eh?

  2. ¡Dios! ¡Es cojonudo!

  3. Este es el comienzo, Javi… el próximo, el del profesor… a por ello!!
    A mí también me ha parecido cojonudo… de los de 9,3 en la escala Simpson.

  4. Em mim me produziu um pouco da nostalgia dos Portugueses. Temos que ir à Lisboa Javi, espero que seja a próxima depois do Brasil!


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