Posteado por: javibrasil | 19 julio 2005

LA TRISTEZA IMPERCEPTIBLE

Su tristeza era imperceptible, como los restos de una sombra ausente.
Yo no podía encontrarla en su mirada, brillante e ingenua, o en sus delicados gestos femeninos, ni siquiera era capaz de encontrarla en sus palabras, tal vez escondida detrás de algún esquivo adjetivo esdrújulo, o finalizando una frase llena de puntos suspensivos que me volvían loco de deseo.
No, su tristeza yo la sentía en su risa. Era una risa breve, suave, frágil,
algo infantil. Adoraba su risa. Amaba su risa. La primera vez que la oí supe que iba a enamorarme de aquella mujer. Quizás lo que me sedujo fue la extraña sensación que tuve al encontrarme ante una tristeza tan profunda encerrada en algo tan bello.
El día que le dije que tenía la risa mas encantadoramente triste del mundo, me miró muy profundamente y se rió, como intentando convencerme de lo absurdo de mi pensamiento. Pero era inútil. La tristeza, la honda y desoladora tristeza le brillaba en aquellos labios que yo tantas veces besé.

Nos amamos durante mucho tiempo, y muchas veces me perdí dolorosamente en su risa, pero no logré averiguar de que oscuro lugar de su corazón provenía aquella tristeza tan amarga que parasitaba su risa hasta que una noche, después de hacer el amor con una pasión de suicidas enloquecidos, me dijo que ya no me amaba.

No hablé, no dije nada, no lloré, no supliqué, como si ya desde hace
mucho tiempo, desde antes incluso de conocerla, supiese que esto iba a
ocurrir. Recogí las pocas pertenencias que tenía en esa casa y las guardé en una pequeña maleta. El inquebrantable silencio que empezaba a ahogarnos hacía más desesperante la despedida. Pero cuando me acerqué a la cama, a ella, todavía espléndida en su desnudez, para darle un beso, un ultimo y estúpido beso de película en blanco y negro, y para decirle: yo siempre te amaré (en parte para mitigar mi dolor, pero sobre todo porque era la única verdad que era capaz de encontrar en mi ridícula vida), vi sus ojos embotados en lágrimas y supe, desde ese instante y con una certeza aterradora, que a partir de ahora y para siempre, no solo la tristeza le residiría agarrada envilecidamente en su risa, sino también en sus ojos. La angustiante tristeza de saber que el amor, el maldito amor, había vuelto a huir de su vida.


Responses

  1. Por qué será que parecía que me estabas escribiendo este relato a mí, Javito?

  2. Lo siento Nani, pero el cuento es para mi. Javi, só você viu e sabe coisas tao profundas minhas.


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