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Un Actimel, champú Herbal Essence, una Coca-Cola y desodorante Mum.
Para qué más.
Si acaso, un frasco de Cilling Bang.
Ayer, en algún telediario en la televisión, trataban el tema de la ¿crisis? ¿desaceleración? ¿estancamiento? ¿recesión? y lo enlazaban con las vacaciones veraniegas. Después del blablabla parcial de la cadena (creo que era Antena 3), y como colofón a la noticia, entrevistaron a una mujer la cual se quejaba indignada por que el año pasado se había podido alquilar un apartamento en primera línea de playa y que este año, con la crisis, lo había tenido que alquilar a 300 metros.
Y es que así no hay quien pueda. Desde estas humildes líneas me sumo a su indignación. Todos juntos: ¡¡¡No a apartamentos en la playa a más de 100 metros de la orilla!!!
“No matter what the crisis is
Do it, live it up, live it up, live it up
Give JAH all the thanks and praises
Live it up, live it up, live it up, live it up
Give JAH all the thanks and praises
His mercies endureth for ever yeah”
Crisis - Bob Marley
Se agradece, y mucho, vuestra espera y vuestra paciencia.
… Entre otros agradecimientos, claro.
Hoy en mi trabajo hay convocado un paro/concentración de media hora por parte de algunos de mis compañeros, los cuales llevan ya bastantes meses reivindicando una serie de mejoras laborales. Estos compañeros están representados por un sindicato de clase que luce el grandilocuente nombre de GESTHA (a mi de hecho, este nombre me da miedo. Pero es que a mí me da miedo casi todo).
En los carteles que hay colocados por todo el edificio, aparte de toda la información técnica de la concentración (lugar, hora, etc.) aparece en letras bien grandes el lema de la convocatoria:
EL CONFLITO CONTINÚA
Ese “conflito” me recuerda al “conceto” de Manuel Manquiña en Airbag, y desde aquí me atrevo a sugerir al sindicato que rehaga el texto, y acepte este nuevo lema:
EL CONFLITO CONTINÚA
Y VAN A HABER HONDONADAS DE HOSTIAS
Yo: Elton Medeiros - Avenida Fechada.
Cuando una maruja, en el trabajo, se pasa más de media hora con una llamada de teléfono, poniéndome la cabeza como un bombo, todo sea dicho de paso, y para finalizar esa conversación dice “oye, te dejo, que tengo cosas que hacer”, y esas “cosas que hacer” es acabar esa llamada y comenzar ooooooootra larguísima conversación telefónica…. En ese caso, os pregunto, oh, dilectos lectores: ¿estaría justificado el lanzamiento (elíptico y tragicúrvico) de grapadora a la cabeza de susodicha maruja? Y si la respuesta es afirmativa, ¿recibiría yo algún tipo de subvención pública? ¿podría considerárseme como un prócer y benefactor de la Humanidad? ¿Alcanzaría mi noble gesto para ser glosado en ulteriores libros de texto?
Llueve.
Hace frío.
El periódico me mancha de tinta los dedos.
La mermelada es de melocotón.
Y llueve.
Visto en internet:
“II Concurso de Relatos Cortos Divulgamat.
Objetivo del concurso:
El concursante presentará un relato corto, de tema libre, relacionado con las matemáticas (de la forma que su autor considere oportuno). “
No hay nada como la libertad (matemática, eso sí.)
Aristarco Hidalgo tiene una abacería en Soria.
Paul Banowicz es granjero en el condado de Phelps, en Missouri.
Daniel Alejandro Settembrini reparte pizzas en el barrio de Palermo, en Buenos Aires.
João da Silva Fagundes es asesino a sueldo en el interior del nordeste brasileño.
Elena Kumanova trabaja en el departamento de turismo del ayuntamiento de Plovdiv, en Bulgaria.
Mohammed Taouil tiene una empresa de pirotecnia en Meknes, Marruecos.
…Todos los nombres evocan algo.
Dedicado a aquel que podía haber sido un mediocentro defensivo del Peñarol y del Valladolid y nunca lo fue.
Apoyado en una pared del vagón del metro, me llegó un viento fantasmagórico que me susurró que en la frase “zapatillas de tacón” se escondía un sugerente cuento que iba a morir de inanición.
Ya se acaban las Navidades (¿por qué en plural?), y con ellas los divertidisimos anuncios de perfumes y colonias.
Que pena.
Me gusta la lluvia.
No me gusta la gente que se queja cuando llueve.
No me gustan los paraguas. Ni los niños que llevan paraguas. Ni las madres con paraguas que llevan de la mano a niños con paraguas mientras devoran escaparates atascando la calle.
No me gusta la gente que se refugia en el metro en cuanto caen cuatro gotas.
Me gusta oir a Curtis Mayfield cuando llueve.
Me gusta cómo huele cuando para de llover.
Me gusta la lluvia.
Lugar: Sala del dentista, en Getafe (Madrid)
Día: Jueves, 13 de diciembre.
Hora: 01:30 P.M.
Frase: “Madrid da asco. Se está llenando de emigrantes.” (dentista dixit)
A favor: Que con todos sus cojones me lo dijo a la cara, aun sabiendo que mi chica es extranjera y emigrante.
En contra: todo lo demás (y los precios).
Claro que me temo que la sala del dentista no es el lugar adecuado para que yo pueda hacer proselitismo en contra del racismo y la xenofobia.
Grandes frases marujistas (II)
“Pero el mueble, ¿es blanco, blanco, o color caramelo?”
Dedicado a N.
Me gustan mucho los perros porque no hablan de fútbol, ni de política y mucho menos de las tendencias y la ropa que se va a llevar esa temporada.
Al menos, la inmensa mayoría.
Grandes frases marujistas:
“Yo de siempre he sido muy partidaria del jersey de cuello vuelto.”
Yo, a diferencia de mi amiga Gloria, decidí otra forma de hacerle caso a Don Mariano y celebré el Día de la Hispanidad tomándome, con mi chica, unas cañitas y una ración de setas empanadas con ali-oli, que las preparan muy bien y muy abundantes en el Valladolid, mientras leía El País. Eso si, la terracita de este bar está junto enfrente de la sede del PP de mi pueblo. Asi que con orgullo contenido y la emoción a flor de piel nos zampamos tan ricamente la ración y las cervecitas mientras la sin parangón hermosa bandera rojigualda nos protegía de todo mal y castigo.
Y después sí, para rematar, nos echamos la siesta.
Viva España.
Una de las desagradables consecuencias de tener gripe e insomnio simultaneamente es que uno se traga lo que echen en la televisión de madrugada, entre ellas, cosas como esta:
Programa-concurso telefónico. Pregunta, por trescientos euros: paises de Europa que acaben en “-IA”. Primera llamada:
- Hola, ¿cómo te llamas?
- Asunción
- Suerte. Dime un pais europeo que acabe en “-IA”.
- Almería.
La felicidad a veces sólo tiene el precio de un cartón de tabaco.
De repente tuve la imperiosa necesidad de levantarme, acercarme a la cama donde dormía, y abrazarme a ella.
Y eso hice.
Este fin de semana han instalado un mercadillo medieval en mi pueblo. Alegría y alborozo. Una de las novedades con respecto a anteriores ediciones, aparte de que este año el señor alcalde decidió cortar al tráfico la calle-carretera principal, lo cual, como no-conductor que soy, celebré con algo de Schedenfreude peatonal), era un trapecio colgado de un soporte y que estaba a, aproximadamente, tres metros del suelo.
Pasamos por delante de dicho trapecio varias veces, pero sólo la última pudimos contemplar parte de la atracción, en la que un acróbata-payaso hacia una serie de contorsiones y malabarismos ante un público de unos cien niños.
Hubo un momento de la actuación en la que supe con seguridad que habia atrapado una pieza para esta humilde bitacora. Y fue cuando, con el alma encogida, oí el griterio ensordecedor de esos cien niños chillándole al trapecista:
“Cáete, cáete, cáete”
Diablillos.
Sinceramente, poco tiempo me parece.
Estos periodistas deportivos siempre con ese gracejo tan suyo. Qué chiquillos.
Son las 13:30 y el autobús 688 cierra sus puertas y comienza, lenta y pesadamente, a abandonar el andén. A la carrera, llega una señora, poco más de 50 años, discreto bronceado, toda de blanco, muy ibicenca ella, pelo corto y gafas modernas de pasta. Hace gestos con la mano para que el conductor abra las puertas y pueda subir pero éste, o bien no la ve, o bien no la quiere ver, arranca.
La señora, con esa media sonrisa que disfraza la frustración, se incorpora con resignación a la fila. Durante los siguientes 20 segundos su monólogo es este:
“Qué cabrito…………..qué cabrón………..qué hijo de puta.”
Y es que ya se sabe: las relaciones con el tiempo se van deteriorando.
Que yo sepa, ninguno de mis amigos es gay.
A veces me sorprendo mirando muy fijamente a las cosas, a ver si las encuentro parecidos con algunas nubes.
Por fin lo hice.
Y así, cuando después de visitar la maravillosa bitácora de Niha, quise ponerle un comentario a su última anotación, en la pantalla me apareció, de nuevo, la siguiente pregunta: “¿Cuanto suman 2 y 2?”.
Respondí que 5.
Menudo soy yo.
Mi amiga Morgana me envía a través de su bitácora un meme, el cual declino cortesmente responder, un poco para hacerme el interesante y otro mucho por que nunca me han gustado demasiado ese tipo de cadenas, aunque supongo que he hecho/hago/hare excepciones.
Pero si alguien tiene sincero interes en saber como soy, sólo tiene que ver mi bitácora y leer lo que no escribo: ese soy yo.
Obs.: ¿Alguien sabe de dónde coño procede esa expresión de “meme”?. Se agradecerán las respuestas en los comentarios.
Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz, te deseamos todos, cumpleaños feliz.
Todo un poeta el que escribió esta letra.
Hoy mi bitácora cumple dos añitos.
Criaturita.
Pedid lo que querais que invita la casa.
Para regalos y/o donativos económicos, poneros en contacto conmigo.
Gracias por la atención.
Javi Brasil.
Deseo nº 1: Si alguna vez soy pájaro, que sea siempre cigüeña, nunca pelícano.
Mirando en las estadísticas de mi bitácora la palabra o frases por las cuales algunos lectores llegan hasta aquí, he encontrado, el lunes 28, dia post-elecciones, lo siguiente:
“Ana Botella desnuda”´
No sé si esto hay que explicarlo como un delirio enfermizo y vengativo de los perdedores o una extravagante euforia de los ganadores, pero de lo que sí estoy seguro, es de que hay mucho pervertido suelto.
“Las jirafas no hacen nada, sólo se callan.”
Donde esté una buena romería en Mieres con preñados y sidrina que se quiten todos los rocios, feriasdeabriles y demás exhibicionismos sureños.
Que no se diga luego que no fomento la división de las Españas.
Es amargo escribir contra un espejo.
El sábado pasado vi en el escaparate de una librería un libro llamado “Mis primeras palabras” cuya portada estaba ilustrada por llamativos dibujos de vivos colores los cuales tenían escrito debajo su nombre. Mi exigua (y un tanto irregular) capacidad de memoria aun me alcanza para recordar vagamente libros parecidos que mis hermanos o yo tuvimos cuando eramos pequeños, o las enternecedoras cartillas de Rubio o Amiguitos, con su ya celebre frase de “mi mamá me mima”. Pero los tiempos cambian, y deben hacerlo muy rápido porque ahora, en la portada de ese libro que vi en el escaparate, entre otras muchas palabras con sus correspondientes dibujitos pude encontrar :”Tucán”, “Cruz Roja”, “Jeringuilla” o “Tarro de garbanzos”.
Lo prometo: palabrita del Niño Jesús.
A mi me gusta más “mi mamá me mima”, pero, claro, yo ya voy teniendo una edad.
Dos pájaros negros se balanceaban sobre el alambre otoñal. Y luego, llegó un tercero.
Las teclas del piano se arrojaban con ritmo matemático formando pequeños charcos en el suelo.
Los zapatos del saxofonista se resumían en cada vagón que entraba.

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