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Una tarde en los toros
Me gustan los toros, aunque no soy un gran aficionado , pero mucho menos soy antitaurino, aunque si bien es cierto que en un hipotético debate a favor o en contra de, siempre he considerado que me siento incapacitado para argumentar y defender mis pros. Supongo que me gusta de una forma visceral, primitiva, algo irracional, como si con eso cubriera ese cupo de salvajismo que muchos llevamos dentro. Me apasiona toda esa carga enorme de símbolos y rituales que conlleva este espectáculo, esas sensaciones a veces al límite que, muy de vez en cuando, pueden tocarte la piel y llegarte hasta el alma. La pureza enorme de una verónica bien ceñida o un elegante pase de pecho rematando una emotiva tanda.
Pero el motivo oficial por el cual ayer fuimos mi chica y yo a los toros en San Isidro no era otro que el que ella asistiera en directo, por primera vez en su vida, a una corrida y que fuese alli, en vivo, viendo al toro y al torero, donde decidiera si aquello le gustaba o simplemente le parecia el reflejo del pueblo bárbaro que aun debemos seguir siendo los españoles. El resultado fue que, si bien no le apasiona, si estaría dispuesta a repetir en cualquier momento y acudir de nuevo, junto a mi, a otra tarde de toros.

“Espera”
Biblioteca Nacional - 21 Abril 2007




Si quereis ver algunas de las fotos que hice en mi ultimo viaje a Brasil, lo podeis hacer accediendo a los siguientes enlaces:

M Í R A M E. B É S A M E



Este es el regalo que nos hicieron nuestros grandes amigos Paco y Ana para conmemorar el día de Internet.
Muito obrigado e muito axé pra vocês.




Cuando mis hermanos y yo eramos pequeños, íbamos a pasar el verano a San Lorenzo de El Escorial, de donde era parte de mi familia. Mis recuerdos de alli son muy vagos, y seguramente confundidos por la siempre traicionera nostalgia, pero aun soy capaz de recordar la casa donde vivía mi tia abuela Encarna, la imagen de la bondad con su sempiterno moño cano, casa hace años derribada. En esa casa había un cuarto donde nunca nos dejaron entrar, y que provocaba en mi esa mezcla tan sugerente de miedo y atracción. Recuerdo también un columpio que estaba formado por dos ruedas y que hoy estaria a buen seguro prohibido por la seguridad de los niños, pero en el que hace años, mi hermano, sin el quererlo, ya vino a demostrar a todos que el torpe de la familia no era otro si no yo. Recuerdo jugar a la pelota en la lonja del Monasterio…o ver a mi tio Cele portando uno de esos entrañables Gigantes de las fiestas de los pueblos. Claro que yo lo único que veía desde mis cinco o seis años era un ser gigantesco, rigido, con una torva expresión en la cara y que se dirigía hacia mi para saludarme. Pocas veces he debido llorar mas en mi vida, con lo que al ya conocido adjetivo de torpe, venía a unirse el de miedoso, adjetivo que desde entonces luzco con orgullo en mi imaginario blasón. Pero lo que mas recuerdo desde la lejania de la memoría eran las campanadas que sonaban durante todo el dia y la noche en alguna iglesia, y el olor, eso olor a humedad, comida e ingenua felicidad que reconoceria sin ninguna duda y que incluso podria falsificar en mis sentidos , ahora mismo, delante de mi PC…Pero ya dije antes que la nostalgia es traicionera.
Y dolorosa






Pelourinho, Salvador de Bahia - Brasil 1.990
Antiguamente, con la mano de obra esclava, los “pelourinhos” eran columnas fijadas al suelo en areas publicas para castigar a los criminales y delincuentes. Siendo Salvador de Bahia la primera capital de la America portuguesa, la ciudad tenia una gran cantidad de mano de obra esclava y tuvo varios “pelourinhos”. Instalados en lugares como el Terreiro de Jesus o las plazas Tomas de Souza y Castro Alves, el “pelourinho” acabo dando nombre al conjunto historico y arquitectonico que forma parte del centro historico de la ciudad. La construccion de iglesias, y de “solares” y “sobrados”, diferentes tipos de viviendas en el siglo XVIII reflejaban la estratificacion social de la ciudad. En el siglo XIX, el Pelourinho pasó por un gran periodo de abandono y destruccion. Finalmente declarado como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, el Pelourinho resurgió con toda su belleza arquitectonica. Cerca de ochocientas casonas coloniales fueron recuperadas. Hoy lo que se ve es el nuevo y multicolor Pelourinho, donde la efervescencia cultural es la tonica habitual en sus calles.
Texto traducido de BRASIL VIAGEM

Guadarrama

Praia de Intermares (Joao Pessoa - Paraiba - Brasil)


Allariz (Ourense)


San Lorenzo de El Escorial (Madri)





VEREDICTOS