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No es por presumir, pero la verdad es que me miré al espejo y estaba preciosa. Era una auténtica cebolla roja. Hasta me esforcé en colocar en la parte de abajo unas simpáticas raices fibrosas que si bien me molestaban ligeramente al caminar, hacían que el disfraz fuese perfecto. De otros años aún tenía guardados en el altillo mi disfraz de oso polar borracho, de lesbiana minimalista, de gamba con gabardina, graciosísimo, te lo juro, y el de horno crematorio filonazi que pude reutilizar en el penúltimo Halloween y que cosechó, debo reconocer con cierto sonrojo intelectual, alabanzas y críticas a partes iguales. Pero yo quería ir de cebolla. Que fuera roja era sólo un capricho estético. Y quería ir de cebolla porque mi servicio de espionaje me había pasado la información de que Fernando iría de lechuga. Fresca.
01:49, 02:08, 02:16, 02:24, 02:39, 02:51, 03:07, 03:24, 03:37, 04:01 …
Visto en internet:
“II Concurso de Relatos Cortos Divulgamat.
Objetivo del concurso:
El concursante presentará un relato corto, de tema libre, relacionado con las matemáticas (de la forma que su autor considere oportuno). “
No hay nada como la libertad (matemática, eso sí.)
Hoy he descubierto la palabra vexilología y al hacerlo, he sentido un amago de escalofrío.
Los ilegales somos una gigantesca tropa de invisibles absurdos. Hace ya tres años y dos meses que salí de Brasil, de mi querida Bahia, y aun no he podido regresar. El contacto con mi familia ha quedado reducido a esporádicos correos electrónicos o a la llamada que les hago desde el locutorio todos los sábados a las diez de la noche, y donde he aprendido a mentirles y, lo que es peor, a mentirme ami.
Hay que ver cómo pasa el tiempo.
Hace sólo un segundo estaba vivo.
Inspirándome en alguna otra bitácora que visito, decidí incorporar una mínima banda sonora que formara un todo con el cuento. Asi pues, si os apetece experimentar este juego, y queréis escuchar la canción al tiempo que leéis el relato únicamente tenéis que hacer click en el título, “Tango”, y abrir una ventana nueva.
Las palabras quizás son torpes, pero por la música pongo la mano en el fuego.
El taxista de la gorra azul de Los Angeles Lakers e implacable verbosidad nos dejó a la puerta de lo que según él, era la mejor casa de tangos de Buenos Aires. Chao gallegos, pásenlo bien, se despidió de nosotros llevándose el índice de su mano derecha a la visera de la gorra, como un remedo burlón de saludo militar.
Para escuchar en algún punto indeterminado y desconocido del camino entre la melancolía y la felicidad.
Marta es la última pasajera que ha querido comentar en esta bitácora absurda. A ella, y a los 999 anteriores, gracias.
Mil gracias.
A veces pienso, erróneamente, que toda la gente que me rodea vive amarrada a sus prejuicios, y ésto me lleva a mi a tenerlos también, con lo cual, como una absurda paradoja, mi tesis queda verificada.
Aristarco Hidalgo tiene una abacería en Soria.
Paul Banowicz es granjero en el condado de Phelps, en Missouri.
Daniel Alejandro Settembrini reparte pizzas en el barrio de Palermo, en Buenos Aires.
João da Silva Fagundes es asesino a sueldo en el interior del nordeste brasileño.
Elena Kumanova trabaja en el departamento de turismo del ayuntamiento de Plovdiv, en Bulgaria.
Mohammed Taouil tiene una empresa de pirotecnia en Meknes, Marruecos.
…Todos los nombres evocan algo.
Dedicado a aquel que podía haber sido un mediocentro defensivo del Peñarol y del Valladolid y nunca lo fue.
El sexo casi siempre es rápido. Lo que es lento es el amor.
Los dos parlantes afuera,
la música en el balcón
cayendo por la vereda
en sonoro borbotón.
Alguien me acerca un trago,
alguien me quiere hablar,
yo sólo quiero que mires
mientras te miro girar.(…)Soy aquel tipo callado
con aires de intelectual
que te mira de costado
sólo por disimular.
“gracias, pero no, no bailo,
quizás la próxima vez,
tengo torpes las rodillas
y tú veloces los pies”
Sólo quiero verte bailar
sólo quiero verte bailar
quisiera verte girando, girando,
mirándome mirar.
De la canción “Don de Fluir”, de Jorge Drexler, incluida en su disco “Eco” y en el disco “Rive Gauche Rio”, de Celso Fonseca.
Entre anuncios de comida rápida, créditos instantáneos ofrecidos por piratas con corbata y ventas por catálogo con premio seguro, a mi buzón llegó también un elegante flyer en cartulina negra con unas hermosas y estilizadas letras en color dorado donde podía leerse: “Enigma: perla negra.” A pesar de su evidente belleza, con el paso de los días acompañó sin honra alguna a otros cuantos kilos de papel viejo hasta el ataúd azul del reciclaje, donde les perdí definitivamente la pista de sus veleidosas ilusiones.
Yo no escribiré ningún post sobre la letra del himno.
Asi me las gasto.
Apoyado en una pared del vagón del metro, me llegó un viento fantasmagórico que me susurró que en la frase “zapatillas de tacón” se escondía un sugerente cuento que iba a morir de inanición.
Después de más de dos semanas de vacaciones, uno espera a su regreso al trabajo que al menos le hayan pintado la mesa de verde, o que a algún jefe le haya mordido un camello en la cabalgata de Reyes, o que l@s compañer@s marujas se hayan desprendido de la condición de tal, o que alguien haya salido por fin del armario, o que otro alguien se haya metido dentro para siempre, o que los teléfonos suenen con balanço de bossa nova…
Pero no.
Todo sigue siendo rutina.
Jodida y acogedora rutina.
La inspiración es una puta viciosa, impía y desagradecida.
La expiración es una certeza curiosa.
Sábado, cinco de enero:
Contraportada de El País: entrevista a Jhady Koita, presidenta de la Red Europea de Lucha Contra la Mutilación Genital Femenina.
Sábado, cinco de enero:
Contraportada de La Razón: entrevista a Andrea Pan de Soraluce, jugadora de polo.
Sin comentarios.
Ya se acaban las Navidades (¿por qué en plural?), y con ellas los divertidisimos anuncios de perfumes y colonias.
Que pena.

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