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Pocas cosas hay más deprimentes que un bar sin servilletas sucias por el suelo.

Ya están aquí las Navidades.

Una hermosa época llena de consumismo salvaje, de hipocresías afiladas y de surrealistas discusiones familiares en cajas de 12 y 24 unidades.

Celebrémoslo como se merece: escondiéndonos bajo la almohada.

Me gustan mucho los perros porque no hablan de fútbol, ni de política y mucho menos de las tendencias y la ropa que se va a llevar esa temporada.

Al menos, la inmensa mayoría. 

Si se me permite una recomendación:

Garrick, de El Tricicle.

Heredé la niebla y la risa, y me sorprendí una tarde larga de domingo devorándomelas lentamente con lujuría. Heredé también petirrojos enjaulados, acentos argentinos, susurros sigilosos e indolentes. Y caricias álgidas de putas desdentadas que se restriegan, rencorosas, en los ángulos esquivos de mi memoria. Heredé piratas y desaires. Muertos sonrientes y lunas insípidas. Suicidios reciclados. Fusas difusas rasgando la noche espesa. Versos perversos sangrándose en lo absurdo. Trastabillados trabalenguas áridos.

Heredé celuloides marchitados por los besos. Frases violadas quejándose con desgana en los salones del infierno. Antropófagos de rumores masturbándose en el cielo. Polisindentones, asindentones, alteraciones. Y heredé anáforas. Con la pasión  de los ignorantes. Y un dolor perfecto. Y un crujir obsceno de tinieblas en calma. Y un zahorí sin sombra deslizándose en el filo. Heredé bocas, párpados, ojos, manos, estómagos. Y un catálogo deshilachado de nubes derrotados.

Heredé arrabales dispersos de pisadas imprudentes. Misterios de rellano iluminados por la noche. Y ciénagas de vientos mutilados. Y almas en alquiler. Heredé cascadas de tinta, chimeneas impolutas, luciérnagas eléctricas aventadas por las manos mustias de un ladrón suplicante. Y la amargura escondida en ataúdes blancos. Y el amor. Y la rabia. Y el silencio.

Heredé la palabra.

Virginia Rosa - Chorava no meio da rua

 

 
Você diz que eu choro escondido

ai, meu Deus, que ingenuidade sua

você diz que eu choro escondido

ai, meu Deus, que ingenuidade sua

se eu tivesse que chorar

chorava no meio da rua

se eu tivesse que chorar

chorava no meio da rua

Diga que eu tenho saudade, o que é verdade

diga que ainda lhe quero, que é também

mas chorar, nem sozinho, nem na frente de ninguém

nao diga que eu chorei, ninguem vai crer

todos sabem que eu sou duro de roer.

 

 

 

Tú dices que lloro a escondidas

ay, Dios mio, que ingenuidad

si tuviese que llorar

lloraba en medio de la calle.

Di que te echo de menos, que es verdad

di que todavía te amo, que también es verdad

pero llorar, ni solo, ni delante de nadie

todos saben que soy duro de roer.


Tema extraido del disco 1 del recopilatorio: “Acerto de contas de Paulo Vanzolini” (2002)

Está mañana, mientras diluviaba tras los cristales del autobús, al oir a Vinicius cantando “Samba da Benção” sentí una melancolía amable que sirvió para suavizar las aristas de este día.

Intuyo que la mayoría de las personas deben ser buenas, pero es sólo eso, una intuición.

La primera fotografía me llegó dentro de un sobre pequeño, de color sepia, aquellos viejos sobres rancios y de tacto áspero que ya casi no se usaban. Mi nombre estaba escrito con una pulcra letra de molde en una  etiqueta adhesiva colocada en la esquina inferior derecha.

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Grandes frases marujistas:

“Yo de siempre he sido muy partidaria del jersey de cuello vuelto.”

El Rey se enfanda y ahora él y Chávez no se ajuntan.

Los Duques de Lugo se separan.

A mi me tienen que sacar una muela.

…Qué vida más perra. Sólo hay sinsabores.

En la página 51 de El País de hoy aparece una información sobre la huelga de guionistas de Hollywwod ilustrada por una foto donde varios manifestantes portan pancartas con la frase “On strike” (en huelga).

Sinceramente, para ser guionistas, esperaba algo más de ingenio.

Qué decepción.