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Ayer, el director deportivo del Real Madrid Pedja Mijatovic dijo en rueda de prensa que, reunida la Junta Directiva en asamblea, se había acordado la destitución de Fabio Capello por unanimidad absoluta.

Yo, como madridista que soy, me alegré, no por Capello, si no por que las unanimidades relativas no me han gustado nunca. 

Son las 13:30 y el autobús 688 cierra sus puertas y comienza, lenta y pesadamente, a abandonar el andén. A la carrera, llega una señora, poco más de 50 años, discreto bronceado, toda de blanco, muy ibicenca ella, pelo corto y gafas modernas de pasta. Hace gestos con la mano para que el conductor abra las puertas y pueda subir pero éste, o bien no la ve, o bien no la quiere ver, arranca.

La señora, con esa media sonrisa que disfraza la frustración, se incorpora con resignación a la fila. Durante los siguientes 20 segundos su monólogo es este:

“Qué cabrito…………..qué cabrón………..qué hijo de puta.”

Y es que ya se sabe: las relaciones con el tiempo se van deteriorando. 

Que yo sepa, ninguno de mis amigos es gay.

A veces me sorprendo mirando muy fijamente a las cosas, a ver si las encuentro parecidos con algunas nubes.

Y que la vida iba en serio comencé a adivinarlo aquella noche en la que mientras mi madre recogía mis calzoncillos y mis calcetines del suelo, y ya eres lo bastante mayorcito como para ir solo al colegio, yo me hacía el dormido sin poder controlar que los ojos me temblasen por debajo de la manta tersa de mis párpados que mira bien al cruzar la calle, que el muñequito esté en verde y que.
Al día siguiente, con una intraducible mixtura de pánico y osadía y anhelando sin saberlo la vigilancia espía de mi madre, caminaba hacia el cole desafiando en secreto a esos otros niños hola Jorge que aun dependían de la subvención caritativa de una mano que los guiase.

Y que la vida iba en serio estoy hasta los cojones de que ese niño no me obedezca lo continué descubriendo cuando comencé a entender que los habituales gritos de mi padre no eran translucidos y pasajeros sino agrios, que ya tiene doce años, coño rugosos y punzantes como un cuchillo en el espejo. Y en clase, cuando miraba huido a mis compañeros Jorge, atiende que se escapaban en garabatos de lápiz de las lecciones del profesor y me sentía ajeno, ¡Jorge! sin conseguir hallar el reflejo de mi pertenencia a esa tribu infantil y simple que tanto deseaba que fuera mía.

Pero cuando de verdad supe que la vida iba en serio fue aquel sábado, uno cualquiera, que mi madre me llevó por la mañana al parque, y mientras ella devoraba con resignación su hastío, yo, sentado en un banco al sol, llorando blando y mordiéndome la rabia, me fui convenciendo que mira bien al cruzar la calle de que ese niño no me obedezca Jorge atiende de que ya nunca más podría subirme a los columpios.

Por fin lo hice.

Y así, cuando después de visitar la maravillosa bitácora de Niha, quise ponerle un comentario a su última anotación, en la pantalla me apareció, de nuevo, la siguiente pregunta: “¿Cuanto suman 2 y 2?”.

Respondí que 5.

Menudo soy yo.

Las casas se descuelgan absurdas por la colina, perfilando geografías imposibles. Puzzles caóticos y paranoicos de humildes ladrillos sangrantes, cincelados a golpe de pobreza y cocaína. Lloviznas de geranios y rosas rojas. Y amarillas. En el centro, un falso corazón extirpado con crueldad a las vísceras de la favela regala con desprecio un pequeño rectángulo deforme. Dos porterías huérfanas y melancólicas y un balón ausente.

Allí cada noche, mi camiseta es mi piel, soy Ronaldo, acomodo las horas en mis pies, soy Maradona, invento paredes con la muerte, soy Pelé, descalzo regateo a mi futuro, soy Dios. Riéndome en el laberinto hago goles sin rencor que celebro con la espuma del otro lado. El balón es mío. El espacio es mío. El silencio es mío. Del resto nada sé.

La luz mísera de las farolas se cobija displicente en mi sudor esclavo. En cada jugada conjuro pesadillas; burlo infiernos; amago redenciones. En cada pase, resumo la incertidumbre; secuestro la audacia de los contrarios; ahuyento el dolor intangible. A un lado del regate, una bala, al otro, una vida por maldecir. Cada rival que me encara es un muerto que desafío y que me condena. Ecos de disparos evocan percusiones. Gol. Gol. Somos cinco, somos ocho, somos once, soy yo solo y el balón. Desatiendo recuerdos futuros y enfrento la portería como quien enfrenta impasible lo inaplazable. Zigzag. Amor. Bang. Los penaltis no se chutan: se ejecutan. Las faltas no se lanzan: se disparan. El miedo no se vence: se disfraza. Los partidos aquí nunca se ganan. Quien empata, triunfa.

Brasil apesta a ingenuidad y a podredumbre, a esperanza y a miseria, a amargura, risas, pólvora, música y ataúdes. Brasil es crucifixión y resurrección, es un inmenso y desasosegante muladar con elegantes vistas a Copacabana. Cada día en Río, muero una docenas de veces. Por la noche, no. Por la noche juego al fútbol. Vivo.

Caetano Veloso actua el sábado, 14 de julio, en Collado Villalba (Madrid) dentro del festival Viajazz, en lo que será su único concierto en Europa en este verano.

Ida al trabajo. 06:30 A.M. Un grupo de unos 10 adolescentes están envueltos en lo que parece ser el inicio de una multitadinaria pelea, ante la indiferencia y pasividad de todos cuantos la vemos.

Vuelta del trabajo: 13:30 A.M. En el andén, un joven solitario de cabello rubio teñido, ensaya ágiles pasos de baile clásico de alguna desconocida coreografía.

Metro de Madrid.

Vuela…tu imaginación.

Mi amiga Morgana me envía a través de su bitácora un meme, el cual declino cortesmente responder, un poco para hacerme el interesante y otro mucho por que nunca me han gustado demasiado ese tipo de cadenas, aunque supongo que he hecho/hago/hare excepciones.

Pero si alguien tiene sincero interes en saber como soy, sólo tiene que ver mi bitácora y leer lo que no escribo: ese soy yo.

Obs.: ¿Alguien sabe de dónde coño procede esa expresión de “meme”?. Se agradecerán las respuestas en los comentarios.

La otra tarde oi en la radio unas declaraciones de Zaplana al respecto del ciudadano nigeriano que falleció en un avión cuando estaba siendo deportado por las autoridades españolas a su pais y estaba totalmente de acuerdo con él en lo que dijo.

La siguiente noticia eran otras declaraciones, en este caso de Javier León de la Riva, alcalde de Valladolid, también del PP, sobre la Ley de Paridad y…..también estaba de acuerdo con él.

Estoy empezando a preocuparme. 

Airtxondo era un lugar demasiado pequeño como para no tener amigos, o quizás, demasiado pequeño como para tenerlos. Asier y yo nos llevábamos apenas dos años pero, a pesar de vernos siempre en la única ikastola del pueblo, nuestro lazo de unión provenía de la profunda amistad de nuestros aitas, que formaban parte de la misma cuadrilla desde que eran críos y que además, compartían una entusiasta afición por la trikitixa, afición que ninguno de sus hijos heredamos. Asier y yo no éramos de ese tipo de amigos que van siempre juntos y que no pueden vivir el uno sin el otro. La nuestra era una amistad más sobria, basada en códigos tácitos, silencios sobrentendidos y miradas cómplices. Una amistad lenta.

Al poco tiempo de que Asier se fuera a Bilbao a estudiar Derecho, Uxue, la que había sido su primera y única novia y que después sería su mujer, se fue a vivir con él. Yo, mientras tanto, me quedé en Airtxondo, buscándome la vida como podía en cualquier trabajo en el que me pagasen lo suficiente como para poder salir los fines de semana a emborracharme, al menos mientras vivía en casa de los aitas.

Durante los cinco años que Asier y Uxue pasaron en Bilbao, apenas vinieron durante las vacaciones y algún fin de semana que otro, pero a pesar de ello, nuestra amistad seguía intacta, tal vez involuntariamente latente, más sólida y madura.

Desde que éramos adolescentes, siempre nos había gustado hablar de política, algo casi imposible de obviar en nuestro País, pero ahora, desde que Asier había decidido prepararse las oposiciones para entrar como agente en la Ertzaintza, hablábamos mucho más. Él me decía que era la mejor manera que había encontrado para hacer de Euskadi un país mas fuerte y más libre e independiente. Mis ideas, sin embargo, en esos últimos años, se habían radicalizado bastante, pero Asier siempre justificaba mis posturas tan cercanas al nacionalismo más extremo con el hecho que de siguiera viviendo en Airtxondo, en un ambiente opresivo, cerrado y asfixiante. – En la capital todo se ve de otra forma, Gaizka, me decía siempre, como si mi mirada hacia Euskal Herria se viera deformada por una suerte de cristal poliédrico que solo fuese capaz de proyectar fantasmas deformes con txapela y txistu. Asier se equivocaba.

Cuando se casó con Uxue me pidió, y acepté, que fuera su padrino. Fue la única vez que lloré junto a él, llanto quizá empujado desde las entrañas o desde el corazón por los efluvios etílicos del momento. Pero él era feliz, y si él lo era, yo también. Aquella fue la penúltima vez que le vi.

La última, un par de años después de su boda, él ya estaba destinado en Donostia y había ascendido a suboficial. Habían tenido un niño, Mikel, vivían en la calle Eiristoa, en el barrio de Anoeta, tenían un Ford Mondeo gris metalizado con matrícula 378?-BC? y un Opel Corsa rojo con matrícula 876?-AC? que solía conducir Uxue, la cual trabajaba en horario sólo de mañana como administrativa en Transportes Berriartuak, en el polígono Belartza.

Aquella noche, mientras me ocupaba de limpiar la pistola y de cargar las parabellum, me di cuenta de que nunca había desobedecido ninguna orden de “los de arriba”. Mi fidelidad y mi convencimiento eran plenos, pero mañana sí lo haría. Mañana no le daría un tiro en la nuca, como hice con los dos anteriores, no. Me sentía en la obligación de que Asier al menos tuviera el privilegio de verme la cara, de saber que era yo y no otro el que le iba a asesinar.

Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz, te deseamos todos, cumpleaños feliz.

Todo un poeta el que escribió esta letra.

Hoy mi bitácora cumple dos añitos.

Criaturita.

Pedid lo que querais que invita la casa.

Para regalos y/o donativos económicos, poneros en contacto conmigo.

Gracias por la atención.

Javi Brasil.

Para Nara:


Quero você (Wilson e Nei)

Será, ô, será que você ainda não percebeu
A modificação que me ocorreu?
Será, ô, será que você não vê pelo meu olhar
Que nada neste mundo vai calar
Minha vontade de dizer
Que eu amo você
Amo você, quero você
Se eu pudesse ir ao fundo dos mares do mundo
Pra buscar tudo no mar
Pra te ofertar
Se eu pudesse ir ao céu e trazia o luar
Só pra te dar     


Tema extraido del disco, Peso na balança, de Wilson Moreira

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Pela luz dos olhos teus (Vinicius de Moraes)

Quando a luz dos olhos meus
E a luz dos olhos teus
Resolvem se encontrar
Ai que bom que isso é meu Deus
Que frio que me dá o encontro desse olhar
Mas se a luz dos olhos teus
Resiste aos olhos meus só p’ra me provocar
Meu amor, juro por Deus me sinto incendiar

Meu amor, juro por Deus
Que a luz dos olhos meus já não pode esperar
Quero a luz dos olhos meus
Na luz dos olhos teus sem mais lará-lará
Pela luz dos olhos teus
Eu acho meu amor que só se pode achar
Que a luz dos olhos meus precisa se casar.

Tema extraido del disco “Bossa Nova Mesmo”, de varios autores, e interpretado por Vinicius de Moraes.

AVISO: Mucha gente piensa que una bitácora fundamenta parte de su éxito en su concreción: anotaciones cortas y directas. Seguramente tienen razón, pero como yo tengo mi bitácora básicamente por egoísmo y para divertirme, me salto tal indicación tan ricamente y aquí Paz y después Gloria, y después las que quieran ir pasando.

Asi que avisados estáis. Este cuento es tan largo como seguramente malo, para que no se diga que no soy un tipo equilibrado. Si alguien se siente en el compromiso de dejar algún comentario, cosa que dudo, aquí os ofrezco unas cuantas sugerencias:

        a) ¡Hacía mucho que no leía nada tan bueno!

        b) Interesante bitácora. Visita la mía cuando puedas.

        c) ¿Era esto necesario?

        d ) Rojo cabrón. !Viva Cristo Rey!

ASPIRINO

I
Quién me lo iba a decir.

Paco…Paquito…Paquito el Aspirino. ¿Hace cuántos años que no lo veía? Mejor no pensarlo porque produce algo de vértigo. Paco el Aspirino. Así le llamábamos porque trabajaba como mancebo en una farmacia del barrio de Argüelles. Si, ya lo sé, no es muy original, no, pero ¿acaso debería serlo?

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Deseo nº 1: Si alguna vez soy pájaro, que sea siempre cigüeña, nunca pelícano.

Esta noche estaré allí. Sí. Me han dicho que son de fiar. Buena gente. Y yo me fío de quien me lo ha dicho. Estaré allí entonces. Mañana aquí todo será igual, un día más en el infierno, pero yo no estaré vendiendo pescado. No lo sabe nadie. Miento. Kassim si lo sabe, él me puso en contacto con ellos y me dejó parte del dinero que necesitaba. No es un regalo, es un préstamo, pero seguro que se lo devolveré. Si no llueve ni hay nubes, tendremos una enorme luna amarilla que nos ayudará los primeros días. A Yamina no le he dicho nada. Es mejor asi, que no sepa nada. Los que huimos nunca decimos nada. Eso le ahorrará lágrimas que después quizás necesite. Lo entenderá todo cuando esta noche no encuentre mi cuerpo junto a ella en la cama. Huyo, Yamina, pero los que huimos también regresamos. Algunos.

Las horas pasan perezosas. Soberbias en su poder. Sólo puedo llevar una bolsa de plástico. En casa de Kassim me visto con un pantalón, una camiseta de manga larga gruesa, un chubasquero, y una gorra. En la bolsa, tres camisetas más, un corán en su estuche, otro pantalón vaquero y unas sandalias. Dentro de un preservativo, nueve billetes de diez euros, y un trozo de papel con cuatro teléfonos, uno de Madrid, uno de Barcelona y dos de París. Nos despedimos con un abrazo seco y fuerte. Él no me acompañara. Dice que no debe hacerlo. El sol amaga con comenzar a agonizar. Tengo miedo. Antes de llegar al punto de la playa convenido, me paso por casa de los abuelos. No sé porqué he ido. Qué hago ahí. Ese barrio y esas calles que he pisado miles de veces me parecen ahora opresivas y sufridas. La abuela Aicha está en la cocina y el abuelo Abdou fuma sentando a la puerta de casa. Entro, la beso y después me siento junto a mi abuelo. Me ofrece tabaco. Fumamos juntos. Silencio. En mi cabeza, millones de frases van y vienen sin la paciencia necesaria para reposar. Desde el interior de la casa se oye en la radio alguna canción de Baaba Maal. El abuelo remueve con su pie descalzo las diminutas piedras negruzcas del suelo. Vomita una amplia bocanada de humo tras la que se esconden sus palabras: - Te marchas, ¿no? No respondo. Se levanta, coloca sus manos en mi cabeza y entra en la casa, cerrando la puerta detrás de mi.

Estoy a la hora convenida en la playa de Diogué. Poco a poco se van formando pequeños grupos. Seremos unos treinta. Esta vez, sólo hombres. No mujeres. No niños. Me coloco en el cayuco de tal forma que todo: Kassim, Yamina, los abuelos, la ciudad, yo, todo quede a mis espaldas, y cuando ya lo incierto comienza a ser también lo inevitable, recuerdo aquella pintada en el cementerio viejo de Dakar sobre una gran bandera de Senegal: “Le fin du monde ne peut pas être très loin”, el fin del mundo no puede estar muy lejos.

Baaba Maal - Baayo

Tema extraido del disco homónimo, de 1.991

Una tarde en los toros

Me gustan los toros, aunque no soy un gran aficionado , pero mucho menos soy antitaurino, aunque si bien es cierto que en un hipotético debate a favor o en contra de, siempre he considerado que me siento incapacitado para argumentar y defender mis pros. Supongo que me gusta de una forma visceral, primitiva, algo irracional, como si con eso cubriera ese cupo de salvajismo que muchos llevamos dentro. Me apasiona toda esa carga enorme de símbolos y rituales que conlleva este espectáculo, esas sensaciones a veces al límite que, muy de vez en cuando, pueden tocarte la piel y llegarte hasta el alma. La pureza enorme de una verónica bien ceñida o un elegante pase de pecho rematando una emotiva tanda.

Pero el motivo oficial por el cual ayer fuimos mi chica y yo a los toros en San Isidro no era otro que el que ella asistiera en directo, por primera vez en su vida, a una corrida y que fuese alli, en vivo, viendo al toro y al torero, donde decidiera si aquello le gustaba o simplemente le parecia el reflejo del pueblo bárbaro que aun debemos seguir siendo los españoles. El resultado fue que, si bien no le apasiona, si estaría dispuesta a repetir en cualquier momento y acudir de nuevo, junto a mi, a otra tarde de toros.