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“Corre más rápido que la rutina… y olvidarás quien eres.”

Pintada vista en la calle Alberto Bosch (Madrid)

Cuando pones a un tipo insomne como yo, en mitad de un pueblo de Extremadura, se puede dar la curiosa circunstancia de que a las tres de la madrugada esté oyendo en, ignoro que emisora local, un anuncio de piensos para ganado, con la deliciosa “Garota de Ipanema” sonando como melodía de fondo.

¡Ay, si os velhos Tom y Vinicius levantasen la cabeza!

Donde esté una buena romería en Mieres con preñados y sidrina que se quiten todos los rocios, feriasdeabriles y demás exhibicionismos sureños.

Que no se diga luego que no fomento la división de las Españas.

Encuentro digital en El Mundo, el pasado día 19 de abril, con la presidenta de la Comunidad de Madrid, doña Esperanza Aguirre:

Pregunta nº 41: ¿Posaría desnuda como la concejala de Lepe?
Esperanza Aguirre: Me encantaría, pero no estoy en condiciones.

Estas cosas, nunca se saben como van a acabar, asi que en previsión de que esas condiciones de las que ahora reniega, se volvieran a su favor, convoco desde aquí a mi escasos pero fieles lectores al: Primer Concurso de Ideas para que Doña Esperanza Aguirre y Gil de Biedma, salga desnuda en un próximo número de Interviú. Por mi parte, abro el fuego sugiriendo unas fotos con un suave y elegante toque sadomasoquista en las que, ora Esperanza sola, ora junto con Ana Botella y Curri Valenzuela, posaran, enrollados sus esbeltos cuerpos en una bandera española (de cuero, claro) cabalgando, botas de montar prontas, a lomos de los imperturbables leones del Congreso de los Diputados.

El concurso se declara oficialmente abierto. Hagan, pues, ya, sus aportaciones.

Ayer hablaba con un amigo y le comentaba que mi chica y yo íbamos a tener diez días de vacaciones.

- ¿Y qué vas a hacer?

- Creo que pasaremos unos días en casa y después iremos a L., un pequeño pueblo de Toledo, no creo que llegué a los 500 habitantes.

- Ya, pero allí no hay nada, ¿no?

Hay que ver la mala prensa que tiene en esta sociedad el pararse a contemplar el horizonte. 

Uno de los síntomas de que España es un país extraño es el hecho de que los muñegotes sean más normales que las personas a las que parodian.

Y si no me creen, no hay más que observar a Acebes. 

Parabens pra você…

…nesta data querida…

Mientras bajo por esa casi interminable sucesión de escaleras mecánicas hasta llegar al andén, poco a poco voy comenzado a distinguir la música que alguien está tocando en uno de los descansillos. En los escasos segundos que tardo en ver a los músicos, estos acaban el tema que están tocando y atacan, con bastante acierto, clarinete y melódica en mano, Tico-tico no fubá. Tengo la costumbre (¿mala?) de dar siempre alguna moneda a los músicos ambulantes, mucho más aún si lo que están tocando es música brasileña como en este caso.

Cuando entro en el vagón, me apoyo contra una de sus paredes laterales y subo el volumen de mi MP3, no se bien si por escuchar más alta la música o por si esconder el estruendo del metro. Enfrente de mi, justo enfrente, como en un imaginario duelo en el western, aparece un hombre de unos 60 años, tatuajes en los brazos, muletas en ambas manos, con un pierna ortopédica de plástico que muestra pornográficamente y la otra pierna, directamente, una delgada varilla metálica de la que pende un zapato negro. Ni siquiera se molesta en decir nada, ni unas protocolarias frases de conmiseración, simplemente avanza por todo el vagón, en mi dirección, con un vaso de plástico mal sujeto en una de las manos por causa de las muletas y recogiendo las monedas (muchas) que los pasajeros le van entregando. Cuando llega hasta mi, me mira, le evito la mirada y sale del vagón. Después, se sienta en uno de los bancos del anden y, tras la proteccion cobarde que da el cristal de una puerta cerrada, puedo observarle como, una vez acabado su trabajo, se baja las perneras del pantalón con un cuidado y un mimo algo inquietante, ocultando sus piernas deformes, y cargado con sus muletas que se me antojan una prolongación inevitable y mórbida de su cuerpo, desaparece de mi vista caminando lentamente mientras el vagón comienza a devorar un nuevo tunel.

Despues, en el autobús ya de regreso a casa, apoyo la cabeza en el cristal y siento que hay algo que me repugna. Y que acaso soy yo.

Melancolía:
(Del lat. melancholĭa, y este del gr. μελαγχολα, bilis negra).

1. f. Tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada.

2. f. Monomanía en que dominan las afecciones morales tristes.

3. f. ant. Bilis negra o atrabilis.

El mar.

Durante muchos años se había detenido en aquel mismo lugar, tan bueno o tan malo como cualquier otro, y había visto explotar el amanecer, dejando que su mirada se rasgase cotidianamente por aquel horizonte acerado, tan imperturbable y preciso que llegaba a dar miedo. Durante todo este tiempo: esperó.

Deseó.

Y buscó con la impaciencia olvidada de un niño, algo extraordinario, algo que violase aquella perfección hiriente y fascinadora, creada tal vez por la mente de un monstruo divino o quizás, de un dios monstruoso.

Anheló barcos con piratas invisibles siendo naufragados por codiciosas tormentas.

Quiso olas que se congelaran lentamente y nunca rompieran en la frontera del brillo de la arena.

Aspiró a conocer serenas sirenas albinas de ojos oscuros vestidas en plata que le prometieran antropófagas eternidades innegociables.

Y ambicionó divisar un cardume de ballenas rojas, deambulando solemnes y distraídas por los alrededores húmedos de sus deseos.

Murió esperando y esperó muriendo, tan infeliz como había vivido, con el deseo intacto y sin transformar en realidad, ignorando acaso que, en verdad, en él habitó todo lo extraordinario que siempre buscó.