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“El Gobierno del Estado indio de Tamil Nadu anunció el martes que iba a regalar televisores en color a decenas de miles de pobres. Karunanidhi, el nuevo jefe del Gabinete del Estado, dijo que los aparatos de 14 pulgadas (35 centímetros), que había prometido durante la campaña de las legislativas locales de este mes a aquellos que vivan por debajo del umbral de la pobreza, serán distribuidos en septiembre. El político, de 83 años, también prometió arroz a dos rupias (0,33 euros) el kilo. Cerca del 30 % de los habitantes de India - más de mil millones de personas- viven por debajo del umbral de la pobreza.”

El País - 31 de mayo

Leyendo esta noticia, aparte de comprobar la excelencia de los políticos en la India, que cumplen con lo prometido en el programa, se me ocurrió pensar que tal vez fuera más interesante que les regalara el arroz y que les vendiera las televisiones a 2 rupias la pulgada.

Pero seguramente estaré equivocado.

Resumen del debate sobre el estado de la Nación:

- Tú.
- Pues tú más.

Cuando despertó, no encontró ni rastro del dinosaurio. En su lugar había un gran charco de sangre en el suelo.

Hoy comienza el debate sobre el estado de la Nación, a veces, realidad nacional siempre que se pueda, tal vez, nacionalidad histórica en temporada alta, quizás, país irrealmente nacional, aunque, europeamente de los pueblos del semiestado, sea posible, nacionalista, conjunto histórico-artístico subreal, y asi, ad infinitum, siempre, nunca, estatal, amén.

En el Congreso de los Diputados.

Encontrarme a Carlos, a Carlitos, aquella tarde cuando regresaba del trabajo fue lo mejor que me pudo pasar ese asqueroso día, en el que estaba deseando llegar a casa, y refugiarme junto a Rosa en el sofá, y ver alguna estúpida película juntos, y que me transportara al sueño, y. Carlos, Carlitos. Pero, ¿hace cuánto que no nos veíamos? ¿Diez, doce años? Por ahí, sí. Yo creo que desde la boda de Álvaro, y de eso hace ya… por cierto, que hace también mucho tiempo que no sé nada de él. Le hice un gesto con la mano: espera, y desenfundé rápido el móvil de la cartuchera del cinturón para llamar a Rosa. ¿Cariño? ¿Sabes con quien estoy ahora mismo? Con Carlos… ¿cómo que qué Carlos? …Carlitos, coño, el del barrio. Si… Si… Si, bueno, que llegaré algo más tarde hoy… se los daré… un beso, cariño… no me esperes despierta… Yo no sé si Rosa se acordaba muy bien de quien era Carlos, por que justo dejamos de vernos cuando ella y yo comenzamos a salir, pero aun así me mandó recuerdos para él. ¿Vamos a aquella taberna irlandesa donde íbamos antes? Le cogí por los hombros, como un falso abstemio que ensaya su borrachera y entramos en el bar, que a aquellas horas de la tarde, ya con vocación nocturna, aun estaba transitable. Nos miramos con complicidad y bajamos al segundo piso a ver si podíamos sentarnos en nuestra mesa. Ese segundo piso estaba totalmente desfigurado por una brutal reforma que le había transformado demasiado para nuestras ansias no confesas de nostalgia, así que nos sentamos en la mesa que encontramos más alejada de las escaleras. ¿Pinta, Carlos? Tráenos dos pintas de Guinness… Joder Carlos, es que no me lo puedo creer. No sé quien me dijo que habías vuelto de Córdoba hace ya tiempo, pero no sabía nada más… ¿Otra? … Entre risas, espuma cremosa y sonrisas sinceras, fuimos retrocediendo cada vez más, desde nuestras esposas, desde su hijo, yo no los tengo de momento, desde su trabajo en Córdoba, desde la boda de Álvaro, desde cuando dejamos de vernos por el barrio… ¿Te acuerdas cuando éramos crios e íbamos a robar chucherías al kiosko de Gordillo? Joder, pobre hombre, ahora me da pena. Ponnos dos más, por favor… ¿o cuando lanzábamos aquellos petardos tan buenos de diez pesetas por la ventana del colegio? Ahora nos reíamos con ternura de las maldades de cuando éramos niños… dos más. ¿Y te acuerdas de esos días que llovía y nos refugiábamos en los soportales y jugábamos a ver quien tenía los cromos más raros? Carlos me miró y casi me gritó: ¡Zubiria! Apenas sin poder sostener mi risa le repliqué: ¡Balbino! . Apartó todas las pintas vacías que había sobre la mesa y me desafió con un inesperado ¡Irazusta! ¡Gallart! Le respondí. La guerra incruenta y amistosa había comenzado, y con cada nombre que recordábamos le acompañaba una enorme carcajada mezcla de alcohol y de sorpresa. ¡Robi! ¡Olmos! ¡Custers! ¡Kurt Jara! ¡Magdaleno! ¡Botubot! ¡Battiston! ¡Zurdi!…Era mi turno y mi derrota estaba cercana… repetía como un mantra que me ayudara a concentrarme el último futbolista dicho por él: Zurdi, Zurdi, Zur… ¡¡¡Verón!!! ¡¡¡Yo digo Verón!!!

Verón… Nos quedamos en silencio, serios, saboreando con algo de desgana la doble amargura de la cerveza y de la certeza de que hacía ya demasiado tiempo que no jugábamos con cromos. ¿La última, Carlos? No, creo que se me ha hecho algo tarde. Dame tu teléfono y ya te llamo un día de estos.

Para Paco.

Por algún lugar lei esta semana que los tréboles de la suerte de cuatro hojas se encontraban en peligro de extinción. Espero que si esto finalmente ocurre, si finalmente se extinguen, todos vosotros os unais a mi para eliminar a todos los gatos negros que hay en el planeta. Alguien tiene que preocuparse por restaurar el equilibrio de la suerte.

En la final de la Copa de Europa de ayer, antes de comenzar el partido vi como algunos jugadores del Barcelona rezaban pidiendo la victoria.En la final de la Copa de Europa de ayer, antes de comenzar el partido vi como algunos jugadores del Arsenal rezaban pidiendo la victoria.

Alla arriba algún psicoanalista se debe estar frotando las manos.

Hace ya varios meses que regresé de Brasil y me sorprendo por no haber escrito ni siquiera una linea sobre ese increible y fascinante país. Brasil es un país excesivo. En todo. En su belleza, en su violencia, en su esperanza, en su miseria, en su fe, en su desesperación, en su hospitalidad o en su ingenuidad. Acompañando a mi chica a visitar a sus familiares y amigos, en el mismo día podía conocer una muy humilde casa en una zona pre-favelada, con paredes agrietadas, suelos de tierra y posters del Sao Paulo en la pared, o un lujoso apartamento con una estilizada y elegante decoración, que ocupaba las tres ultimas plantas de un moderno rascacielos, con piscina privada y vistas al mar.

Ahora, con los sucesos que han ocurrido en Sao Paulo y que, parecidos, habian ocurrido en Rio de Janeiro a inicios de año, volvió a mi la no-escritura de un post sobre Brasil y creo que, aparte de que mis recursos son pobres y escasos para intentar contaros las sensaciones que tuve en este viaje, creo que hay una especie de olvido, de alguna forma voluntariamente forzado, para no haber escrito nada en estos meses.

Este fue mi tercer viaje a Brasil pero creo que ha sido el primero en el que de verdad, este país se me ha mostrado y me ha dejado que yo pueda comenzar a conocerle. Caetano Veloso dice al inicio de su libro “Verdade Tropical” que EEUU es un pais sin nombre y Brasil, un nombre sin país…

Hace algunas semanas, encontré en internet un documental brasileño que hacía varios años que había visto en la filmoteca, pero solo hoy lo he conseguido doblado al español. Lo que muestra ese documental no es solo Brasil, pero es tambien Brasil.

 

Ilha das Flores (Isla de las flores), de Jorge Furtado

Obs.: Quien lo desee, puede acceder aquí a la versión original del corto.

Desafinado fue, sin duda, una de las canciones-manifiesto de la bossa nova, alla en la frontera de los años 50 y 60. En su letra se habla con ironía de aquellos que criticaban este movimiento musical por usar acordes disonantes y una (aparente) desafinación. Aqui podemos degustar esta canción en una de sus mas deliciosas interpretaciones, con el maestro Jobim al piano y ese genio bahiano llamado Joao Gilberto, a voz da bossanova, a la guitarra.

Como dije en el título de este post, sólo para espíritus desafinados.

Tom Jobim y João Gilberto.

Seguramente, la versión mas sobrecogedora que he escuchado de esta maravillosa música.